Corea del Norte: la eterna guerra

La península de Corea se ha visto envuelta nuevamente en conflictos. La artillería norcoreana apunta al sur y a territorio norteamericano, eternos enemigos. Este país de más sospechas que verdades enciende la tensión en una guerra nunca concluida y con un gobierno que encuentra en las armas su legitimidad.

Por: Carlos Barzola Florián | Análisis

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Las acciones militares de Corea del Norte volvieron a la lista de noticias más resaltantes del panorama mundial, como nos tienen acostumbrados. El país asiático, oculto entre muros infranqueables y sospechas sobre su realidad, vuelve a tomar una decisión que alarma a gran parte del mundo: direccionar sus misiles a Corea del Sur y las Islas Guam, parte de EE.UU.

La verdad es que mucho se comenta sobre Corea del Norte, pero es poco lo que realmente se conoce. Además, dentro de un contexto que nos limita a lo militar es lógico que se genere un encasillamiento de la forma de gobierno de este país enclaustrado en sí mismo. La nación, parte norte de la península de Corea, nace dentro del marco de la guerra fría, cuando los Estados Unidos y la Unión Soviética apoyaron a bloques de ciudadanos coreanos en un conflicto que dio como resultado la división del territorio en dos. Estados Unidos respaldó al bloque sur del país y esto permitió la implementación del capitalismo como sistema económico, mientras que, separados por el famoso paralelo 38, el norte recibió la influencia soviética que la llevó a constituirse como república socialista, en una versión particular creada por el caudillo coreano Kim Il Sung, conocida como “socialismo juche”, de marcado tinte estalinista.

Y de la vida real y práctica del país se conoce poco. La pregunta que nos hacemos todos los que escuchamos sobre este país y su forma de actuar es por qué tanto interés por la acción militar. Desde su formación, Corea del Norte ha afrontado una guerra. Luego del 27 de julio de 1953, donde se firmó un armisticio entre el norte y el sur, el tratado de paz nunca ha llegado. En el aspecto formal, los países siguen en guerra. El discurso del gobierno norcoreano siempre se ha caracterizado por ser belicista. Su principal justificación para este accionar es la constante amenaza de Estados Unidos para la tranquilidad de su pueblo. No deja de ser curiosa la existencia de una agenda para la reunificación de Corea pero vista desde ambos lados de la frontera tiene más tintes de utopía que de posibilidad real. Este temor que se impregna en las mentes de los ciudadanos norcoreanos por medios como la televisión, la radio, la prensa controlada en lo absoluto por el gobierno, y todos los medios de publicidad, quienes muestran cómo el imperialismo pretende apoderarse de los recursos del país. Por cierto, con mala tecnología y recursos de oratoria propios de una milicia.

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Tildado de surrealista, Corea del Norte encuentra en sus líderes un amor casi paterno. El temor infundido al extranjero y los planes de distribución socialistas acompañados siempre de la publicidad explican cómo millones de norcoreanos lloraron la partida de Kim Jong Il, el amado líder, quien fue hijo del caudillo Kim Il Sung y padre del actual líder: Kim Jong Um. Por ello, dentro del vaivén de la política internacional norcoreana este tipo de eventos son normales, habituales en la agenda diplomática. Es más, mientras se mantengan más sustento les dará a la actitud del gobierno de disponer gran cantidad del presupuesto del país en avances militares y, su principal arma de defensa: las armas nucleares.

Fuera del país, frente a las débiles cartas de rechazo al plan nuclear de organismos internacionales, existen países mediadores que todavía estrechan las manos de quienes son artífices de esta encrucijada. Corea del Norte mantiene relaciones estrechas con la también comunista China y una agenda bilateral con Rusia, países de peso en las Naciones Unidas, además de países que comparten este rechazo a lo norteamericano, aunque no por las mismas razones.

En los últimos meses, las noticias sobre el país se han multiplicado. Videos de la televisión norcoreana con un ataque a EE.UU., planificaciones para intervenciones al sur de Corea, discursos enérgicos que lanzan dirigentes del Partido de los Trabajadores contra el imperialismo que, la verdad, vistos en el ambiente natural de un proyecto político que se ha legitimado gracias a su eslogan de defender con armas al país, nos pone en la necesidad de conocer más sobre el manejo del país y que el resto del mundo aplique mayor severidad al enfrentamiento a esta posición que representa un peligro constante.

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Si bien en otros casos de sospechas de posesión de armas de destrucción masiva por parte de gobiernos no muy confiables, en Corea del Norte se tienen certezas y para nadie es duda su existencia. En este contexto, con el apoyo de su población, la posibilidad de reclamos dentro del mismo país, a semejanza de la “primavera árabe”, es imposible. Los países que tienen una agenda con el gobierno de Kim Jong Um son los llamados a apaciguar esta cadena de amenazas, las cuales en los últimos años no se han concretado por fortuna (y han tenido más intereses de control de la población del mismo Corea del Norte, sobre todo en este lapso de transición de poderes de padre a hijo), pero esperar a que un gobierno armamentista cumpla con su discurso es inaceptable.

Mientras nadie tome acciones claras y no haya una agenda realista de unificación de Corea, este país se mantendrá como una encrucijada de décadas pasadas. No es solo un tema de territorio, es una visión del país vecino como enemigo eterno al cual hay que liberar de la influencia extranjera, que por cierto existe. Esta zona del mundo, estrella económica a raíz de la crisis de occidente, deberá superar esta crisis que bordea las seis décadas.

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