Querida Susana

Mañana termina la temporada de circo y los audios presentados ayer por la noche –justo en medio de la redacción de este artículo– no hicieron sino confirmar lo que ya todos sabían: Luis Castañeda es el que mueves los hilos de la función tras bambalinas. Eso sí, Susana Villarán se ganó a pulso el papel estelar del espectáculo. Una ‘carta’ para ella.

Por: Paolo Benza | Opinión

Susana Villaran

Te lo buscaste. Tú solita. Y espero que lo tengas ya totalmente claro. Que sepas perfectamente que el inminente hundimiento del barco no ha sido culpa de las mareas, ni de los vientos, ni de los enemigos, sino de ti y de tu tripulación. Y aunque, valgan verdades, no es que en mis cortos años haya visto a ese barco navegar a velocidad crucero, pues debo contarte que tampoco me lo imaginé siendo capitaneado con tamaña impericia hacia la debacle. Basta de rodeos, debo decírtelo: me pareces una mala alcaldesa. Y mira que ese adjetivo te hace salir bien librada. Malas han sido muchas autoridades, pero ¿a punto de ser revocadas? Sí pues, debes aceptar que te la buscaste.

Perdón que te lo repita, pero tengo que ser honesto, qué importa lo que diga tu circulito de viudas. Honesto. Curiosamente esa es la única virtud que admiro de ti: eres honesta. A veces es peligroso serlo, así lo dijo Michael Corleone. (B.J. Harrison: [about the pope; before the opera] The Pope’s doing exactly what you said he’d do, he’s cleaning house. Michael Corleone: He should be careful. It’s dangerous to be an honest man). Discúlpame la impertinencia cinéfila, pero me pareció curioso recordar que lo dijera precisamente este personaje, que más allá del romanticismo que le da la trilogía a su cosmos, es un delincuente de saco y corbata. Uno como los que hay en todo el mundo y, por supuesto, en nuestro mundo. El real, Susana, ese que te quiere revocar y no en el que andas perdida mientras se te hunde el barco.

Como dije, admiro tu voluntad de ser honesta, pero ahí paramos de contar. Y tú y yo sabemos que eso no basta para alcaldesa del mes, qué te puedo decir. Ya sé lo que estás pensando: “este es de los que quieren a un alcalde que robe pero haga obra”. Tú también te creíste el cuento. Que seas honesta –felicitaciones–, no implica que tengas carta blanca para huevear, o para huevearnos. Para que se te caiga el puente de la Universitaria, para que las olas se lleven la Costa Verde o para que se te inunde Vía Parque Rímac. Y que las explicaciones que des sean siempre que el problema es heredado de la gestión anterior o que ocurre porque se quiso hacer un avance con respecto a aquella. No te pases, pues. ¿O sea que nosotros tenemos que agradecerte que trates de hacer un avance con respecto a lo que se estaba haciendo? ¿Y cuando te sale mal, perdonarte porque tuviste la buena voluntad de hacerlo?

Reordenar el transporte es tu chamba, si no lo hicieron los otros fue porque tenían el saco y la corbata rentaditos nomás, con un jugoso depósito que no querían perder. Pero si de verdad quieres medir tu desempeño poniendo la vara en las gestiones de los anteriores, puede que salgas perdiendo. Al menos para una porción importante de limeños. Una porción de limeños que palpa, que percibe día a día la falta de presencia de tu mano en el timón. Limeños que se movilizan en un Metropolitano que rebalsa, que pierden, impotentes, largas horas de sus vidas atorados en un tráfico ridículamente caótico, ya para reírse, o que tienen miedo de salir a la calle y ser baleados por un sicario que ni sabe sus nombres, ni le interesa saberlos. Entonces, te pregunto, ¿tienen o no tienen derecho a cuestionarse qué demonios has hecho por ellos?

Aguanta, pisa el freno antes de que empieces la enumeración de escaleras y proyectos concesionados. Acuérdate cuántos de esos limeños saben lo que has hecho, cómo lo ven, cuánto les mejora la vida. Cuántas sonrisas les saca, a cuántos se las saca y a quiénes. Ahí está pues, Susana. Te la buscaste. No solo la ciudad ha seguido siendo un caos que cada vez se ve peor y te hace ver peor, sino que lo poco que has hecho no lo sabe nadie. ¿Tan poco valoraste la comunicación en tu gestión? No te entiendo, ¿quisiste que tus obras hablaran por ti? Pues son mudas o son tan pocas que no se las escucha.

Ok, trasladaste La Parada a Santa Anita. Punto para ti. El problema es que el nuevo mercado mayorista no solo está funcionando a media máquina, sino que tiene un sistema de comunicación institucional desastroso. Recuerdo que la señorita encargada de presentarlo como un logro de tu gestión a los alumnos de periodismo que fuimos a visitarlo, con las justas podía decir para qué servía cada pabellón, mientras los vendedores se quejaban del lugar en frente suyo. Y encima sales con tremendo empacho a decir que tu problema fue “no saber comunicar tus logros”. ¡Ya pues!

¿Los programas ‘Chicos y chicas chamba’, ‘Me quiero, me cuido’? Te lo juro, tuve que buscar bastante para enterarme de ellos ¿Los eventos culturales? Ese es el problema, quisiste ser lo que Antanas Mockus fue en Bogotá. No pudiste ni pisarle los talones. Mockus mejoró y ensanchó decididamente el famoso Transmilenio. No te equivoques, no estoy valorando el cemento sobre la cultura, estoy hablando de eficiencia en la solución de problemas. A él le funcionaron los mimos para dirigir el tránsito. Su aplicación de los métodos pedagógicos a las masas hizo que Bogotá ahorrara mucha agua en tiempos de sequía. Tú te la pasaste en condecoraciones y marchas que quedaron vacías. Te la buscaste.

Recuerdo haberte entrevistado hace mucho tiempo. O al menos parece que fuera mucho. El tema: la prostitución en Lima. Querías crear una Zona Rosa en el Cercado, reconocer el problema y controlarlo, callarles la boca a los conservadores, ponerle orden a ese oficio. Te brillaban los ojos, hablabas con energía. El resultado: ninguno. ¿Qué pasó? Tu concepción filosófica de una Lima con la persona al centro de la preocupación municipal se ha quedado en eso, en una concepción. No la critico, quizás hasta la aplauda, pero quiero verla. Quisiera verla. ¿Qué clase de concepción que pone a la persona en el centro pretende que esta tenga miedo de salir a la calle, al espacio público? ¿Dónde se ha visto que el caos urbano vehicular redima al ciudadano? Tus primeros años han sido eso mismo: palabras, sueños. Se quedaron en el “va a ser”. Al final, tuviste que conformarte con empezar a hacer lo que han hecho los otros de los que te querías diferenciar. Y tarde. Obras de cemento concesionadas al capital privado. Capital brasileño. ¿Solo si habla portugués es correcto que la empresa cobre un peaje sin haber terminado (ni diez por ciento) la obra? En fin.

Pero ya, ahora sí, vamos a lo que quería decirte desde que empecé esto. Sí, todo esto va a  un punto. No te vayas a asustar, no me consideres orate, pero lo que quería aclararte es que, a pesar de todo, mañana voy ir con mucha seguridad a tachar el NO en la cédula gigante. Una sola razón (o varias que se conjugan en una, júzgalo tú) me impele a hacerlo: estoy harto, podrido, hinchado de que nos utilicen. Así de simple. La revocatoria es un mecanismo válido y justo que empodera al ciudadano para sacar a una autoridad. Hasta ahí, todo bien. Sin embargo, esta vez se están valiendo de ella para cobrarse la revancha. Una revancha política. Y me da asco. Me dan arcadas ir a marcar el Sí para que el gordo se la cobre de cuando le criticaste al Cristo. ¿Qué pensaste, que la ibas a sacar gratis? Ay, Susana. Alan es un animal político, no deja pasar una. Quizás por eso haya hecho tan buen segundo gobierno.

Espérate, que falta. Me revienta tener que ir a votar para que el mudo se la cobre de cuando le malograste la campaña presidencial con tu informe. Y qué bueno que salieron esos audios, porque nada aclara mejor mi punto: Castañeda está detrás de la Revocatoria. ¿Había alguna duda? Ahora ya no. Me odiaría el resto de mi vida si marcara el Sí para que Marco Tulio regresara a ser el “consultor de 74 mil soles”. Y todo a costa de nosotros, como siempre. Haciéndole creer al pueblo mentiras descaradas, tratando de embutirle ideas como si fuera un bebe de pecho, comprándole el voto con regalitos. ¡No somos idiotas! A mí no me van a usar para que la derecha conservadora tenga su vendetta política, para que redima sus estúpidos odios. A mí no me van a hacer cholito, Susana. Y quiero creer que los limeños somos gente, sino inteligente, al menos lo suficientemente despierta para entender esto. Para entender que tener cuatro alcaldes en dos años es una tontería tremenda, que nadie que diga sinceramente “quiero hacerle el bien a Lima”, puede aspirar a esto. Pero bueno, ya sabemos que por ahí no va la cosa.

Espero, así también, que hayas entendido la oración con la que empecé esto. Puede que la suerte aun no esté echada. Si esta te favorece, toma mi consejo, de patas: no salgas a hablar de cómo Lima ha decidido no retroceder, no parar, de cómo el ciudadano limeño se ha dado cuenta del enorme trabajo que estás haciendo por él y decidió renovarte la confianza para construir una Lima para todos y demás. No. Tú calladita nomás. Da gracias, sonríe y ponte a trabajar, mujer, por favor. Termina la reforma del transporte, que puede ser tu gran obra, por lo que te recuerden siempre. Haz y di que has hecho. Porque, eso sí, aunque somos un país que suele reelegir a los más desastrosos, algo me dice que Lima no te va a perdonar dos veces. Al menos yo no.

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