El puente de la discordia

El puente que une la Av. Universitaria entre San Martín de Porres y el Cercado de Lima cedió ante la carga vehicular y la indiferencia de las autoridades municipales. Es un contexto más que complicado para la Municipalidad de Lima y no asienta nada bien el hundimiento de decenas de centímetros para la alcaldesa ni para los miles de limeños que usan esta vía a diario.

 

Por: Carlos Barzola Florián | Análisis

El norte de Lima se ha visto afectado en su caos vehicular esta semana. El puente de la Universitaria sobre el río Rímac, que conecta el norte y el centro de la ciudad, se ha desprendido en la vía de sur a norte aproximadamente unos cuarenta centímetros y ha ido aumentando la distancia con el transcurso de las horas. Depende de los números finales que entreguen los informes de los ingenieros para calcular el tiempo de “paciencia” que se les pedirá a los vecinos.

La Av. Universitaria, una de las más extensas de Lima que llega desde el extremo norte de la ciudad en los límites de Carabayllo hasta la Costa Verde, recorre prácticamente todo el norte y centro de Lima. Por eso mismo y por la cantidad de líneas de bus que interconectan a la gente con sus centros de estudios, trabajos, etc, es que no pasó por desapercibido este incidente.

Al parecer todo este tiempo el puente ha sido ignorado en lo que ha mantenimiento se refiere. Ahora, tras cuarenta años de inauguración, cede ante la carga vehicular que alberga entre vehículos particulares, transporte público y camiones de carga pesada que constantemente salen de la zona industrial de la Avenida Argentina, a pocas cuadras del río. Quizás por ello era más que necesario que el puente tuviera un cuidado especial.

Los funcionarios de la Municipalidad, encargada directa del mantenimiento de la edificación por ser una vía metropolitana, calcularon en un inicio un tiempo de “paciencia al vecino” de una semana, temporada irrisible para nuestra ciudad acostumbrada desde siempre a esperar mucho más de lo anunciado. Durante este tiempo desviarán por la ya recargada Av. Nicolás Dueñas o por Faucett, límite con Callao.

En medio de este contexto que vive la ciudad de Lima, una revocatoria que genera picos de confusión en la población, muchas versiones y soluciones que nunca se llevaron a cabo saltarán, pero la única verdad visible es la falta de cuidado de las gestiones municipales, y no solo la actual, para con un tema básico en una urbe: los puentes.

Lima Norte es un espacio dentro de la capital que alberga a más de dos millones de personas. Es quizás la zona con mayor desarrollo en la actualidad en la urbe, con un boom inmobiliario que es fácil de percibir al primer recorrido por distritos como Los Olivos, Independencia, San Martín de Porres, Carabayllo, etc., con edificios levantándose en cada barrio. Este crecimiento en materia demográfica ha obligado a las empresas a mirar al norte con centros comerciales famosos y de calidad. En medio de este boom que ahora goza esta zona, que la principal vía de acceso que es el puente se inhabilite por descuido se torna indignante y solo refleja la incapacidad de ver un plan urbano y solo dejar que la ciudad se desarrolle.

Esta situación no es particular de este puente. Ante esta realidad, otros puentes se han analizado y sufren también peligros como el mismo Puente Dueñas, o el Puente Balta que solo cuando resultó peligroso para su uso se optó por repararlo. Además, la falta de puentes es un tema de nunca acabar. Para nadie es novedad que en horas punta el tráfico en los pocos que existen genera un tremendo malestar y una inseguridad en los viajeros.

En los últimos años, aparte del trabajo de reacción ante el Puente Balta, los trabajos en este aspecto han ido desde la construcción del Puente Santa María, entre San Martín y la parte posterior a Las Malvinas como desfogue del sentido norte-sur del Puente del Ejército, el Puente del Ejército, habilitándole por carriles más por el Metropolitano, y puentes construidos en San Juan de Lurigancho, pero en lo que respecta a mayor cantidad de puentes de doble vía, nada en absoluto. Y Lima los necesita.

La ciudad exige mayor interconexión entre ella, hay focos de desarrollo que se han centrado en ellos mismos por la falta de unión con el resto de la ciudad, como San Juan de Lurigancho por ejemplo y el Cono Norte. Con escasos puentes para este flujo de personas no se aporta a este propósito, y sin el mantenimiento mínimo a los pocos que hay, la tarea se vuelve casi imposible. El plazo mínimo de recuperación del puente es de seis meses dependiendo del caudal del río que ya ha causado problemas a la gestión Villarán con otra obra relacionada al Rímac. Más construcciones, más amplias y ordenadas que complementen reformas del transporte es a lo que debemos apuntar como proyecto ciudad. La naturaleza no tiene la culpa de cumplir su ciclo, pero dependerá de cómo actúe la Municipalidad para reparar este daño el que cumpla con su ciclo.

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