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El Papa Benedicto XVI ha renunciado a ser cabeza de la Iglesia. La decisión ha tomado por sorpresa a la alta jerarquía romana y a los miles de millones de católicos repartidos en el mundo entero. Ahora, una época de cambios y apoyos hacia cardenales con aspiraciones papales se desarrollarán en San Pedro hasta el “Habemus Papam” de Roma para el mundo.

Por: Carlos Barzola Florián | Análisis

Pope Celebrates Solemnity Of The Epiphany

A primera hora para este lado del mundo y en el tradicional latín de la Iglesia, el Papa Benedicto XVI anunció su renuncia al cargo más alto de la Santa Sede. “Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino […] en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado” expresó el, todavía, Santo Padre hasta el 28 de febrero, según indicaciones dictadas por él mismo en algunas líneas posteriores. La edad y la salud quebrantada llevaron al Papa a tan drástica decisión.

Esta medida, inesperada salvo por el entorno más cercano del Papa que salió a afirmar la absoluta consciencia hacia esta determinación y el prolongado tiempo para tomarla, mantiene al pueblo cristiano en una sorpresa no vivida desde hace 1415 tras la renuncia de Gregorio XII.

Si bien los expertos en derecho canónico han salido a desmentir cualquier figura de desorden en la jerarquía católica, pues estas leyes contemplan la renuncia del Sumo Pontífice y no está sujeta a la aprobación de ninguna otra autoridad, la población no es ajena a la lista de posibles sucesores. La legislación vaticana convocará a nuevo cónclave para la elección del sucesor de San Pedro. El Secretario de Estado y camarlengo, el salesiano Tarcisio Bertone, asumirá las funciones del Santo Padre desde el 28 de febrero hasta la asunción de un nuevo pontífice. Junto a él principal importancia tomarán en la Santa Sede el Cardenal Decano, Angelo Sodano, y el Cardenal Protodiácono, Jean-Louis Tauran. Así, tras ocho años Joseph Ratzinger dejará el despacho papal del Vaticano.

Estos ocho años de Joseph Ratzinger han estado marcados por conflictos profundos dentro de la Iglesia. En este tiempo han sido muchos los casos de pedofilia que ha enfrentado la jerarquía católica en diversos países, principalmente en Europa y Norteamérica, donde la crítica fue muy dura hacia los sacerdotes y las autoridades que oscurecían las investigaciones.

Así también, a este problema se le añadió la imagen que tenía el papado antes de él. El 19 de abril del 2005, al asumir el cargo, muchas voces lo confrontaban con la figura de Juan Pablo II, a quien aclamaban como ‘santo súbito’ desde la Plaza de San Pedro, pues su carisma natural y el esfuerzo realizado por acercarse a los cristianos de todo el mundo, lo que lo hizo acreedor al título de ‘Papa viajero’, pesaban sobre quien llevaría este cargo en adelante. La trayectoria de Ratzinger apuntaba más hacia un Papa conservador, dogmático, herencia reflejada por su desempeño como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

A pesar de esa imagen, Benedicto XVI marcó su pontificado no por cantidad de viajes pero sí por la relevancia de los que tuvo. Sus visitas a Alemania y el masivo recibimiento reavivaron el interés germano por la institución papal. Así también España recibió al Papa para un evento que generó expectativa en el país: la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid. Su visita a Estados Unidos marcó también un acercamiento a la potencia en tiempos de crisis y con serias discrepancias hacia la Iglesia por la mayoría protestante y los casos de pedofilia. Latinoamérica también recibió a Benedicto XVI, llegó a México, a Brasil acompañando a la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida. Sin dudas, una visita que significó un gesto de apertura histórico fue la visita del Papa a Cuba, donde a raíz de la misma se flexibilizaron las medidas del gobierno de los Castro hacia las manifestaciones religiosas católicas. Además, recientemente la Santa Sede sufrió su propio fenómeno “Vatileaks” al filtrarse documentación secreta por parte del mayordomo del Papa, Paolo Gabrielle. Este fue capturado y posteriormente el Papa perdonó a este funcionario mientras acusaba a la prensa de magnificar el tema.

Un pontificado que bajo la luz de la historia de la Iglesia se torna corto, cercano a los 8 años, se ha visto marcado por altibajos propios de un mundo más cambiante y rápido. En Roma se sienten los aires de sorpresa todavía y el mundo cristiano espera al cónclave a realizarse a comienzos de marzo donde presenciaremos nuevamente el encierro en la Capilla Sixtina y el paciente tiempo hasta que el humo blanco nos anuncie un nuevo sucesor, previo al “Habemus Papam”. Pero hasta ese tiempo las hipótesis brotarán como fuentes se encuentren entre los cardenales. Cualquier cristiano bautizado puede ser Papa, incluso sin ser sacerdote (aunque para asumir el cargo debe ordenarse y convertirse cardenal). Inmediatamente surgen nombres entre los más voceados, algunos que obtendrían más apoyo entre la votación. Algunas voces apuestan para el futuro de la Iglesia una cabeza italiana después de décadas de un papa polaco y uno alemán. Otros afirman que es hora de un cardenal latinoamericano. Será cuestión de ver como en los próximos días los cardenales asumirán posiciones. Y también cómo estos afrontarán los rumores que sindican posiciones oscuras en el seno del catolicismo.

En Perú las principales autoridades de la Iglesia resaltaron la humildad y sinceridad del Papa y manifiestan respeto por la decisión que tomó. El Arzobispo de Lima, Juan Luis Ciprani, y el Presidente de la Comisión Episcopal Peruana, Salvador Piñeiro, pidieron al pueblo católico orar por el Papa saliente y hacer votos por el sucesor más idóneo. En un país de mayoría católica, la noticia es titular en los medios de comunicación del país. Incluso, personalidades de la política expresaron su sorpresa frente a esta noticia como es el caso del Canciller Roncagliolo y el ex Ministro de Defensa, Rafael Rey.

La Iglesia Católica afronta un periodo de cambios que trascienden la anécdota histórica de la renuncia de un Papa tras seis siglos. Esta decisión pone a la jerarquía romana frente al mundo con la responsabilidad para la elección de un sucesor que asuma los escándalos en los que está envuelta, algunos de los cuales con consecuencias judiciales y el enorme interés que genera siempre el poder en una institución tan numerosa e influyente como es la Santa Sede. Quedarán para la historia los ocho años de Benedicto XVI con sus aportes a un acercamiento a los jóvenes, a las nuevas tecnologías por medio del twitter o la política del acercamiento a otra religiones, pero también la deuda pendiente con sus víctimas, a la vez de una guía pastoral acorde a esos tiempos de “rápidas transformaciones” como el Papa afirmó. En manos del cónclave y sus oraciones se encuentra el futuro del catolicismo en el mundo moderno.

 

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