Modelando la economía

Albert Einstein dijo: “La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos.” Entonces, ¿la crisis financiera que atravesamos será el motor de un cambio de paradigma? Consideremos algunos cambios en el sistema económico y hacia dónde migramos.

Por: Nicolas Oyague | Análisis

El mercado decidirá si encuentra la brújula que tanto ha fallado en el pasado.

El mercado decidirá si encuentra la brújula que tanto ha fallado en el pasado.

La economía, como actividad social dedicada a la supervivencia desde tiempos remotos, ha tenido un papel singular en el desarrollo del hombre, siendo sus decisiones acerca de la utilización de bienes escasos entre fines alternativos, su principal dilema. La necesidad de mejorar la calidad de vida y la imposibilidad de lograr demasiado por cuenta propia ha llevado a grupos humanos a compartir actividades productivas y dividir tareas con la finalidad de lograr resultados más diversos. Revolucionando las técnicas de extracción a través de herramientas, estableciendo la propiedad privada al impulsar la agricultura, lograr sedentarismo, proteger los bienes a través de los feudos y la aparición del comercio han dado paso a una serie de cambios que moldean las complicadas relaciones sociales que debemos establecer el día de hoy. La moneda como medio de cambio, la emisión de deuda, la producción en serie, las tecnologías de la información, las empresas multinacionales son solo algunas de las características de nuestro modelo económico mundial. ¿Cómo ha mutado el mismo? ¿Estamos mejor o peor?

Dando un gran salto temporal sin hablar del Feudalismo de la Edad Media ni del Mercantilismo posterior, la Revolución Industrial y la Revolución Francesa marcaron el inicio de un sistema llamado liberalismo, no solo económico sino también político y social. Europa se convierte en un monstruo de la gran industria con baja regulación del Estado y la institucionalidad de la propiedad privada que permitió que se desarrollen las economías de mercado que darían paso al capitalismo tal como lo conocemos.

Se creía que los mercados eran perfectos y justos, por lo que el papel del Estado era ausente en materia económica. Sin embargo, en 1930 se desató la recesión económica más grande que el mundo haya vivido con lo que surgió un nuevo sistema basado en la visión de un Estado que juega el papel de regulador. Se toma consciencia que los mercados no son perfectos y el rol gubernamental ayuda a sanar los desbalances.

El mundo luego se tiñe de rojo por las ideas Marxistas, que dividían al mundo en dos tipos de economía: la planificada y la descentralizada. La propuesta de Karl Marx era la ascensión de los trabajadores al poder, pues ellos eran los que generaban la producción y existía una asimetría entre los salarios de quienes poseían el capital y quienes trabajaban para el mismo. El modelo no funciona por la dificultad de establecer los niveles de producción y consumo por un organismo estatal que sea lo suficientemente eficiente y nos situamos en un mundo más interconectado, con un desarrollo comercial impresionante, redes de información amplias y tecnología avanzada.

Entonces, ¿en dónde estamos? El paradigma comunista de Marx no fue la salida, ni lo fue el liberalismo extremo, ni tampoco parece ser el desarrollo financiero desbordado a través del crédito para financiar el alto gasto del gobierno. Hemos pasado de creer en un mundo en el que el desarrollo se medía por producción en los 50’s a uno que considera el componente social y la equidad en la distribución del ingreso en los 60`s. Luego, se ha introducido el medio ambiente en los 90’s para englobarlos en el término desarrollo sostenible. Sin embargo, ¿vamos por buen camino?

Es difícil poder determinar dónde va a migrar nuestro sistema económico mundial, interconectado de manera comercial, financiera y ambiental. Lo cierto es que el “World Economic Forum”, la ONU o el FMI son algunas de las organizaciones que intentan llevar el crecimiento de manera estable y buscando un desarrollo sostenible, reduciendo niveles de pobreza, buscando mayor acceso a la educación, al agua, igualdad de género, entre otras. El mundo parece estar más comprometido con elevar el estándar de vida de los menos acomodados; sin embargo, las diferencias abismales entre los millonarios y los niños de África o la infraestructura de Singapur y la de Gamarra aún dejan mucho que desear.

El dinero puede no significar alegría, pero la tranquilidad de tener salud, alimento que comer, prendas que vestir y un techo bajo el cual dormir nos proporcionan un mejor espacio para disfrutar de las maravillas del mundo. Probablemente continuemos en búsqueda de la igualdad de condiciones a través del capitalismo global, agregando la economía verde para preservar el medio ambiente. ¿Qué tal si la cadena de producción fuera circular y un gran porcentaje de los desechos fueran reutilizados? ¿Podemos pensar en empresas de reciclaje trasnacionales en un futuro cercano? No tenemos certeza de si la crisis internacional que hoy pasamos dará el punto de quiebre a un nuevo sistema económico. Que el mercado decida.

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