La literatura 2.0

Científicos de la Universidad de Liverpool presentan estudio que rescata el valor cognoscitivo de los libros clásicos. Cada vez más escritores, como el peruano Roncagliolo, publican sus obras en e-books. En medio de lo clásico y lo virtual se encuentra el pedido de una literatura actual sin perder su riqueza.

Por:  Carlos Barzola Florián | Análisis

Literatura 2.0

Dos noticias, autónomas y hasta situadas muy lejos una de otra, han marcado mi atención. Comencemos el viaje. La primera nos revela un estudio de la Universidad de Liverpool, en Inglaterra, el cual luego de diversas pruebas concluye en que la lectura de textos clásicos, y citan a Shakespeare, Wordsworth y T.S. Eliot, se desarrolla mayor actividad cerebral y obtenemos mayores beneficios que en lecturas ligeras, la cual llevó la mención directa del género “autoayuda”. Esto se debe a que ante la aparición de palabras y frases con estructuras semánticas inusuales, el cerebro responde de manera más activa que ante una lectura muy familiar. De igual manera se refirieron a la poesía, resaltando cómo “añade elementos emocionales y biográficos al conocimiento cognitivo que ya poseemos de nuestros recuerdos” según el profesor encargado del estudio.

La segunda noticia nos sitúa en nuestro país, pues el escritor peruano Santiago Roncagliolo, quien destaca dentro de la actual producción literaria nacional, anunció conjuntamente con Alfaguara, el lanzamiento de su nueva novela el viernes 18 de enero. Esta nueva publicación tiene la particularidad de comercializarse primero en formato digital y posteriormente en el impreso. El e-book de Roncagliolo constará de 9 entregas, en la búsqueda de rescatar la sensación que producía esta antigua tradición.

Estos anuncios, a la manera tan casual como suele suceder, nos ponen en el medio de una discusión de toda la vida. La literatura, ¿la nostálgica? ¿la moderna? La ciencia nos dice que lo clásico aporta más, pero los tiempos cambian. Aunque en el arte esto es históricamente más difícil de aceptar, se tiene que asimilar el presente. Pero asimilar no implica tampoco entregarse al vaivén con el riesgo de perder algo valioso en el camino.

Desde Liverpool vemos cómo el enriquecimiento de nuestra capacidad cognoscitiva y todo ello que siempre nos han indicado que nos brinda la lectura, encuentra una pausa en los libros de autoayuda que, seamos sinceros los que vamos a una librería de las llamadas “comerciales”, son los que abundan en el mercado.

Frente a ello, vemos cómo surge una nueva alternativa ofrecida por la red: los e-book. Comprar libros por internet nos agiliza mucho más la vida, nos libera del trámite que para la vida moderna significa ir hasta un lugar con la posibilidad de recibirlo en la puerta de tu casa. Pero aquí también podemos encontrar un dilema, pues justamente quienes defienden, o más que defensa apuntan que nunca se obtendrá la misma sensación en un impreso que en un digital, dan valor a estos detalles como el pasear por librerías en una larga travesía que puede ser poco práctica para el siglo XXI pero riquísima para los sentimentales del libro.

Muchas veces he escuchado la frase “es que a ti te gustan los libros difíciles” o “déjame que yo solo leo por distracción y no para tener diccionario a la mano”. Quizás algunos verán en esta frase el fracaso de la civilización, yo creo que no es para tomárselo así, aunque caen en ellos quienes se jactan de conocer mucha literatura. Para mí, el problema es en quedarse allí y no atreverse a ir más allá. Mas, frente a un mercado abarrotado por lo sencillo y sin un espacio para lo profundo (y con ello un respeto a la poesía que poco a poco la sacan de los estantes) no se puede elegir más de ello. Pues no es novedad que en la complejidad de esta y en su nutrido léxico está en gran parte el deleite del conocimiento.

Intentos hay por literatura actual. La segunda noticia sobre la publicación de Roncagliolo se torna curiosa por esta dualidad que representan el e-book y la entrega por partes, evocando una costumbre antigua como en las novelas de Dickens. El e-book, tan aplaudido como criticado llegó como llegó la Internet y este mundo ya se posicionó. Antes que pensar en una lucha entre lo impreso y lo digital, podríamos centrarnos en cómo organizar esta nueva cultura que se va a generar.

La gente no va a dejar de consumir literatura. Dejemos de ver tanto el medio y veamos el contenido, que es a fin de cuentas el trabajo del escritor, su producción y lo que llega al lector. La entrega por partes aporta el tinte medio entre lo nuevo y lo viejo y sería bueno ver cómo la gente reacciona ante este tipo de propuesta. El trabajo es arduo y los que profieren tantos lamentos por la pérdida de la lectura en los niños y jóvenes deberían preocuparse más en cómo adecuarla a los nuevos tiempos, repito, sin perder eso que la hace ser grande.

Anuncios