La economía y el final

Termina el año y las festividades enmarcan en el consumo el adelanto y bienestar económico del país. Miles se acercan a las tiendas para alimentar al monstruo de las compras sin prestar atención a una insoportable realidad de informalidad, de un deficiente aparato fiscal y, por hacerla corta, la pobreza y desigualdad que no tienen por donde terminar.

Por: Nicolas Oyague Santolalla | Opinión

La economía y el final

Nos encontramos a escasos días de que nuestro viejo planeta Tierra termine de girar una vez más alrededor del sol, horas que dejarán atrás al calendario occidental para empezar nuevamente y al maya para echarles en cara de que la historia sigue. El mes se acerca a un fin no compartido con los problemas financieros que rugen sobre Europa y Estados Unidos. Recordemos el caso Conga, la desaceleración de China, los golpes bursátiles, la caída del dólar en el Perú, la fractura del euro, el abismo fiscal, entre muchos otros acontecimientos que no hacen más que escribirse en diarios, para luego ser reinterpretados por académicos afanosos,

Nuestro Perú ha sido un país cuya economía se ha mantenido sólida, indicadores macroeconómicos estables a pesar de temporadas turbulentas y de carácter político, a pesar de la caída en nuestras exportaciones, a pesar de la deuda gigantesca en la Zona Euro. Qué maravilla. Se habla de la inclusión social y reformas en el sistema tributario. Hemos obtenido el tercer lugar en destinos atractivos de inversión entre los países de la región, entre los cuales se encuentran interesados España y China.

Llega la Navidad y el consumo se dispara, se dinamiza la economía y las familias comen un poco de chocolate caliente, pavo y panetón. La ciudad se llena de vehículos, recordándonos que el parque automotor aún es un desastre, que pide a gritos una reforma. Necesitamos más espacio y menos carros viejos que nos contaminan los pulmones, caemos en cuenta una vez más que a pesar del crecimiento de otros departamentos, Lima sigue siendo la capital. Las calles se congestionan de compulsivos compradores, los centros comerciales se vuelven un tránsito insoportable de esqueletos moviéndose y sacando dinero de sus bolsillos, unos por compromiso, otros por veneración al consumismo y unos últimos por costumbre y tradición. Caemos en cuenta que dicho dinero solo va a parar al sistema, separando de nuestra alma todas esas caras que pedían algo de limosna.

Allí es cuando la memoria nos escupe imágenes de todas las familias que aparecieron en las calles para poder recibir algún apoyo del “fantástico Perú”, que crece 6%, que es el destino de inversión, que va a ser próximamente la sede del tercer banco más grande de Estados Unidos, JP Morgan. Ese Perú, que una vez fue de Toledo y aspiraba al chorreo. La memoria y un cerebro con un mínimo de consciencia social nos echa en cara que pasamos al lado de nuestros conciudadanos al ir a Polvos Rosados, que vimos decenas de vendedores ambulantes e hicimos muy poco o nada por ellos, que la Navidad solo se comparte con caras conocidas, que preferimos embutirnos de pavo a regalar unos soles a la niña que nos vendía papel de regalo. Y así recordamos la informalidad, el deficiente aparato fiscal, la conocida “ley del más vivo”, la pobreza y el desinterés, la fragmentada cultura peruana que nos mantiene separados desde la época colonial, recordándonos la desnutrición infantil y el sueño de la inclusión social.

Insoportable realidad. Pasa la Navidad y contamos los días por vestirnos con lo mejor que tengamos en el armario, por beber lo que esté a nuestro alcance como bestias, por olvidar, por soñar con un futuro mejor, por acariciar unos instantes ideas fantásticas que esperamos en el 2013. Ansiamos derrochar dinero, en incendiar lo que queda del año y verlo partir por los aires, regresando más tarde a nuestro aparato respiratorio, celebrar el inicio, llorar el fin, el “borrón y cuenta nueva”, como si algo hubiese realmente cambiado.

Vendrá el 2013 y el abismo fiscal de Estados Unidos todavía no se resuelve. El mundo pende de un hilo, de las manos de unos cuantos políticos poderosos. Algunos creen que ya pasó lo peor, ya tocamos suelo y Perú percibirá un aumento en su demanda externa por USA y Europa. Julio Velarde, presidente del Banco Central, nos afirma que está previsto que crezcamos de manera similar en el 2013 y el 2014, alrededor de 6%. Además, cree que en el 2015 y 2016 tendremos un crecimiento excepcional gracias a la minería, con lo cual podríamos superar el 10%.

Por otro lado, nuestro ministro de economía Luis Miguel Castilla dice: “El 50% del presupuesto 2013 se destina al área social y productiva.” El gasto de gobierno estará manejado de tal manera que se estudien los resultados y que estos vayan acorde a lo presupuestado. Saquemos nuestras propias conclusiones y trabajemos por un Perú mejor, que la próxima Navidad se escriba en la prensa un poco menos de incendios y robos para reemplazarse por caridad. Que al término del 2013 podamos pasar por las calles y respirar en paz, sabiendo que quienes estaban allí, hoy están sirviendo lo mismo que nos dio el destino para cada Navidad: chocolate caliente, pavo y panetón.

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