Lo que el río se llevó

Hoy Lima amaneció y encontró la obra más ambiciosa de la actual gestión edil, un complejo que recuperaría la ribera del Rímac. Pero no, vecino, una vez más la ineficiencia fue la cara que le tocó a Lima y la incapacidad ocasionó una verdadera verguenza en lo que a obras respecta.

Por:  Carlos Barzola Florián | Opinión

Lo que el río se llevó

‘Vía Parque Rímac’ le devolvería la vida a un río emblemático de una ciudad que desde hace décadas le da la espalda. Además, serviría como alternativa para otra arteria que en horas punta es testigo de un tráfico descomunal y que es ideal para robos, la Vía de Evitamiento. Pero no, vecino, una vez más la ineficiencia fue la cara que le tocó a Lima y lo peor es que no fue el azar el que ocasionó una verdadera vergüenza en lo que a obras respecta.

Una parte del muro de contención que colocó la empresa concesionaria se vino abajo, a la altura del Puente Trujillo. Eso ocasionó una inundación de parte de lo construido, dejando elementos propios de la construcción como baños portátiles y una camioneta bajo el caudal del río.

Para nadie es una sorpresa que el Rímac en verano se carga porque en la sierra comienza la temporada de lluvias y no es azar. Porque el vivir en Lima te hace saber que todos los años el río crece en verano, que los noticieros informan de inundaciones en las riberas y que, a ojo de habitante habituado, esos muros no las iban a soportar.

Es lógico que la empresa Lamsac, encargada de la construcción, asuma todos los gastos que este tremendo error causó y vaya a causar, pues el trabajo se ha suspendido hasta fines de marzo, dejando lo avanzado bajo el agua, pero quizás lo que más indigna es la justificación que brindan. La alcaldesa Villarán, con sus declaraciones, anunciando que “todo está calculado”, ha perdido la credibilidad que podía tener. Si bien es una empresa la que debe hacer los estudios técnicos sobre la construcción, ella desde su despacho es quien otorga la concesión que supuestamente va a ser para el beneficio de los limeños. Pareciera mentira que la municipalidad no hiciera un seguimiento exhaustivo de lo que realiza el capital privado que estará al servicio 9 millones de personas que representan. La responsabilidad política existe. En medio de un proceso de revocatoria que afronta Villarán, sin dudas esto fomentará una mayor asistencia a su despido del sillón municipal.

La declaración del representante de Lamsac, André Bianchi, nos dio a entender que esto estaba previsto. Espero que la destrucción de un muro no signifique calidad para esta empresa. Es de preguntarse si es lógico construir algo que se prevé que se caerá por efecto del río. Ver al gerente con la prensa y con la cámara enfocando la obra inundada nos da una imagen más fuerte que sus palabras. Ahora se declara que la obra no se ha visto afectada, pues que no nos sigan mintiendo más. Los limeños no somos tontos y reconocemos cuando alguien se equivoca y quiere minimizar los daños o, peor aún, negarlos.

Este triste espectáculo que hoy es casi un atractivo de Lima pues los puentes aledaños están abarrotados de gente que toma fotografías, debe ser controlado todavía, pues el cuello de botella que se está formando cerca a la Vía de Evitamiento puede causar estragos en una autopista tan transitada. Esperemos que la municipalidad haga algo por evitarlo y no se quede en el mero “control” de la señora Villarán.

Así, Lima despide el año con la obra emblema bajo el agua. Esto se suma a otros intentos fallidos de la municipalidad por hacer algo en la ciudad como el mar que arrasó con la arena de La Herradura o la paralización de las obras en el túnel que une Rímac con San Juan de Lurigancho y que, dato aparte, descongestionaría Evitamiento. Sin dudas, la señora Villarán y su entorno deben tomarse en serio y con responsabilidad el manejo de Lima antes de que el Rímac se siga llevando su popularidad al mismo mar que le quitó la arena o la ciudad le de unas forzadas vacaciones.

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