Hollande asume la violencia histórica contra Argelia

Presidente de Francia cierra una disputa con Argelia de larga cola. Se reconoce el sufrimiento del país africano por el brutal periodo de colonización. Se espera que la memoria traiga paz definitiva entre ambos países.

Por: Fabrizio Ricalde Blume

“Durante 132 años, Argelia fue sometida a un sistema de profunda brutalidad e injusticia por parte de Francia. Es mejor decir la verdad que disculparse”, señaló el primer mandatario francés, François Hollande, en el segundo día de su visita oficial al país africano que estuvo colonizado por la patria europea desde 1830 hasta 1962. “Reconozco el sufrimiento que la colonización produjo en todos los argelinos”.

Tuvo que pasar cincuenta años después del final de la Guerra de la Independencia argelina para que el pueblo francés reconociera, a través de su presidente, su participación de sometimiento sobre el pueblo en cuestión. Con un tono solemne, añadió que “las masacres de Sétif, Guelma, Kherrata son tres episodios establecidos en la conciencia de ambas naciones”. En el discurso, se citó el día 8 de mayo de 1945, al recordar la matanza de Sétif, “el mismo día en el que el mundo triunfaba sobre la barbarie mundial, Francia olvidaba sus valores universales sobre un pueblo”.

El hecho que el presidente francés haya decidido brindar estas palabras marca un antes y después en lo que a reconocimiento del pasado se refiere. Por ejemplo, durante décadas la imagen de Francia sobre su participación en la Segunda Guerra Mundial ha sido de valientes combatientes contra los nazis, aunque esto se aleje de la verdad. El Gobierno de ese entonces fue colaboracionista y persiguieron a los judíos en el Holocausto. Hasta que en 1995 Jacques Chirac pronunciara un discurso donde se admitía la responsabilidad francesa, permanecía como un tabú la deportación y barbarie que tuvo lugar allí.

Algo similar existe en el caso de Argelia, donde los franceses han tardado casi medio siglo en reconocer las verdades de su participación, que en primera instancia se realizó en el 200 con el reconocimiento de la tortura masiva practicada por el Ejército contra la guerrilla independentista en ese entonces. Una guerra se que se cobró 1,5 millones de muertos para los argelinos y miles más del francés, tiene una necesidad de ser reconocida y no de ofrecer excusas o perdones, como bien ha dicho el gobernante, aunque quizás la simpleza de sus acciones y la tardanza de sus declaraciones sean un peso aun más grande que rebatir en los años por venir.

Memoria y algunos objetivos para el futuro

Su mensaje resonó con tono ceremonial y fue acompañado e interrumpido por aplausos de los diferentes diputados argelinos. Reconoció la importancia de la memoria sin pedir perdón por los crímenes, para no herir la sensibilidad de los viejos combatientes franceses, pidiendo sí que los historiadores tengan las puertas abiertas de los archivos para que el mundo “pueda conocer la verdad, que no duele, sino repara. La Historia, incluso cuando es trágica y dolorosa, debe ser contada”, insistió.

Cerrar las viejas heridas no es el único objetivo de Hollande en la tierra del Argel, para sembrar la paz entre los dos países de Albert Camus, sino a ordenar las diferencias migratorias, por ejemplo, y dar mayores facilidades para la entrega de visas y permisos. También se quiere privilegiar la asistencia gubernamental para que la mentalidad en la administración cambie por un método de trabajo que avance “asunto por asunto”. Por último, se espera una re-activación de la indemnización de las víctimas por las pruebas nucleares francesas.

En lo económico, la visita sirve para cerrar negocios valorizados en 10.000 millones de euros, pues el comercio entre ambos países es muy amplio: Argelia es el primer proveedor de Francia, pues le vende productos por valor de 5 mil millones de euros anuales; asimismo  es su cuarto cliente, con un desembolso anual de 4.6 mil millones, sobre todo en hidrocarburos. Todo ellos mantiene un saldo positivo para el país africano.

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