Modernidad sin cruzar el charco

Oscar Niemeyer, recientemente fallecido, junto a Lucio Costa, fueron los principales artífices de una idea de modernidad para esta parte del mundo: Brasilia. El proyecto de la capital de Brasil aportó novedosas ideas sobre urbanística y arquitectura que la ubicaron como una obra de arte que inmortalizó a Niemeyer. Lima sigue pasos que acercan la idea colectiva de ciudad a la modernidad, pero los problemas centrales que la aquejan todavía no son superados.

Por: Carlos Barzola Florián

Foto: Centro de Brasilia

Hace unos días, el arquitecto más renombrado de esta parte del mundo, artífice de una carrera tan resaltante como ambiciosa, Oscar Niemeyer, falleció, faltando apenas 10 días para sus 105 años. De su talento, unido al de Lucio Costa y la visión de Juscelino Kubitschek, nació Brasilia, la capital más joven de América, una obra de arte.

Brasilia, construida en cuatro años, se convirtió oficialmente en capital de Brasil en 1960. La ciudad ostenta una planificación propia de una capital que mantiene el orden, caracterizadas por el concepto de supercuadras que reúnen a gente en entornos naturales, amplios corredores viales, una especial valoración a las áreas verdes y además elementos que entraron en relación con las edificaciones de Niemeyer. La Catedral, la Biblioteca Nacional, el Palacio de Planalto, la Universidad de Brasilia, el Palacio de la Alvorada, el Congreso; todas dentro del Eje Monumental, el cual le da una forma a la ciudad de Costa como de un avión, a punto de despegar para la lectura de la urbe.

Además, el lago artificial que se encuentra enclavado en medio de Brasilia aporta el elemento natural del agua en una zona de sabana central, con la cuota de paz y relajación. Siendo una capital tan joven, Brasilia logró conformar una identidad como ciudad, la cual tiene una marca de modernidad que se mezcla con arquitectura de primer nivel, del lirismo arquitectónico de Niemeyer.

En nuestra capital, con varios siglos de fundación, experimentamos desde hace unos años un boom inmobiliario y de construcción en general. La ciudad ha crecido en altura a un ritmo sorprendente. Decenas de barrios albergan ahora espacios de cinco, seis, siete pisos. Lima crece también en extensión, hacia el norte, el este y el sur. No puede dejar de causarme una envidia sana ver cómo tan cerca de nuestras fronteras, sin necesidad de cruzar el charco del Atlántico, se encuentra un enclave que conserva el anhelo de urbanismo novedoso.

Brasilia alcanzó esta imagen gracias al orden y el talento. Lima es una ciudad de más de cuatro siglos, donde una riquísima historia se reúne desde diversas zonas del país, pero donde el desorden presenta una complicación grande para ser una ciudad que aspire a los estándares del primer mundo. Talento existe, el mar está presente, pero luego una falta de planificación urbana, el descuido de las autoridades políticas que, lejos de la ambición de Kubitschek, relegan la estructura de la ciudad y su identidad a la necesidad, esto de la mano de la desigualdad y la inseguridad que poco a poco ha transformado a nuestra capital en una especie de ratonera, de laberinto sin salida entre calles y jirones.

Los problemas que afronta Lima en relación a la urbanística nos llevan a problemas graves como la falta de conexión con el este de la ciudad, con más de un millón de limeños. Otro ejemplo claro es la falta de puentes sobre el Rímac, que representa un dolor de cabeza para los más de dos millones de habitantes del norte de la ciudad en hora punta, la sobrecarga de transporte de la Javier Prado, etc. Además, la arquitectura de Lima, rendida a la funcionalidad, no denota una identidad como ciudad. Reconozcamos, la ciudad últimamente está aportando algunas iniciativas y Lima es un poco más atractiva para el turismo, pero ahora que el ánimo general del país se nota más esperanzador para el futuro, de la mano de la bonanza económica, es hora de tocar los temas centrales a superar con las herramientas a la mano.

Si bien Brasilia es una ciudad hermosa y ello gracias al talento de Niemeyer, también es terrena y sufre de la sobrepoblación a las afueras del plan original del 60. De los 600.000 habitantes del proyecto, la realidad supera los dos millones y medio. Preguntémonos cuántos barrios en Lima han sido planificados, o si las zonas que consideramos “de emprendedores”, que simbolizan la nueva cara pujante de la ciudad tienen un orden y una proyección a futuro, con suficientes áreas verdes, espacios de recreación y zonas comerciales. Dos datos finales pueden darnos luces sobre nuestra realidad: el boom de los centros comerciales es reciente y responde a un positivo crecimiento económico, pero en un país de 30 millones de habitantes hay 56 centros comerciales. Colombia, de 46 millones tiene 400 centros que, además de calidad, aportan un paisaje visual moderno. Otro dato, pareciera que este problema de la sobrepoblación es solo un flagelo para la periferia, pero ya no es un rumor o un asunto lejano la falta de agua en zonas como San Isidro, en el centro de la capital y de los distritos con mayor poder adquisitivo del país.

El camino es largo y la lista de soluciones pendientes para Lima, igual: transporte, salubridad, calidad de vida, seguridad. Pero, tomando como ejemplo una idea moderna de capital en Sudamérica, que aportó conceptos y belleza visual en el país de la samba y el fútbol, veamos cómo nuestra querida Lima no supera problemas tan antiguos y no nos dejemos sorprender por pequeñas ilusiones de modernidad junto al Rímac.

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