El premio que se hizo esperar

El Premio Nacional de Cultura se entregó el 2012. No sería de por sí sorprendente mencionar el año, pues un dato valioso para nuestro asombro es que esto se realiza luego de 32 años. El Ministerio de Cultura organizó la convocatoria y los resultados dieron luces importantes del reconocimiento a la cultura peruana.

Por: Carlos Barzola FLorián

Foto: Petro Perú

Los ganadores de este galardón, tan postergado como necesario por ser una herramienta para la promoción del trabajo cultural en nuestro país son el sacerdote Gustavo Gutiérrez, el pintor Christian Bendayán en la categoría de Trayectoria y Creatividad, y la Asociación Arena y Esteras en la categoría de Buenas Prácticas Culturales. El jurado, integrado por respetables personalidades como Salomón Lerner Febres, Mirko Lauer, Natalia Majluf, Luis Millones, Beatriz Merino, Victor Vich, etc, divididos por categorías, llegaron a este resultado el cual es digno de ser celebrado.

El trabajo de Gustavo Gutiérrez es vasto y reconocido, aunque no por ello ha dejado de estar en el ojo de la tormenta. Gutiérrez es un filósofo y teólogo que fue ordenado sacerdote en 1959. Galardonado por diversas universidades alrededor del mundo es sin duda el peruano que más relevancia ha tenido en el debate teológico mundial dentro del cristianismo católico. Saltó a la fama mundial por desarrollar una teología basada en percepciones sobre la pobreza basadas en el contenido bíblico: la teología de la liberación. Contiene postulados que ubican al pobre en un lugar prioritario del discurso cristiano, esto por medio de un concepto que reúne estos elementos religiosos con una acción real en campos como la economía: praxis liberadora.

La controversia surge a su alrededor por el contexto que se vivía en ese entonces. La aparición de su libro “Teología de la liberación” en Lima en 1971 causa opiniones encontradas sobre la visión de la Iglesia y el rol que jugaba en una época marcada por la confrontación ideológica entre el capitalismo y el comunismo. Las principales críticas vertidas sobre esta teología son las de un mero postulado político y social con tinte cristiano. Más allá de la veracidad de estas ideas que escapan del interés de este texto, la repercusión del pensamiento de Gutiérrez fue crucial para despertar corrientes alternas a la concebida hasta ese momento en la práctica de la Iglesia Católica en su rol pastoral y en su valoración a los pobres. Un reconocimiento que se ha hecho esperar por parte de esta institución, pues es uno de los intelectuales más valiosos que tiene nuestro país.

Otro reconocimiento que  puede sonar más actual por su aparición reciente en el arte es el otorgado a Christian Bendayán. Nacido en 1973 en la calurosa Iquitos, Bendayán ha desarrollado una temática basada en imágenes y elementos de la Amazonía. En sus pinturas nos encontramos con toda la selva, condensada en sus personajes más pintorescos, en sus colores, en sus escenas cotidianas y en su erotismo también. Conserva mucho la sensualidad y la conjuga con la experiencia sensorial y un toque de cultura pop que nos da el entorno natural y humano de una amazonía que también lo ha llevado a logros importantes. A su temprana edad para el arte, Bendayán ha organizado exposiciones con buen respaldo de público, clausuró también la Bienal de Fotografía de Lima del 2012 y formó parte de la campaña organizada por Promperú, el famoso comercial en Loreto, Italia con Marca Perú. Sin dudas, Bendayán se perfila como uno de los artistas más influyentes y con más futuro en nuestro entorno actual, un premio de esta magnitud resalta esto y nos prepara en un ansiado proceso de evolución del pintor al cual asistiremos gustosos.

‘Arena y Esteras’ apuesta por algo que va dando sus primeros frutos al alzarse como una posibilidad novedosa en su éxito: arte que actúe en la comunidad. Por medio del teatro, la actividad circense, la música, la danza y demás buscan generar liderazgo dentro de la dificultad de la vida en la pobreza de Villa El Salvador. El punto de partida de este proyecto fue cambiarle la cara a una sociedad aterrada y doliente en medio de la violencia. Villa El Salvador sufrió los embates del terrorismo en los 80’s y 90’s, se organizó se enfrentó y ante esta necesidad de un espacio de acción, el foco se encendió en sobre el tabladillo. Desde 1992, esta agrupación viene realizando gran cantidad de puestas en escena que los han llevado incluso a recintos fuera de nuestro país y en otros continentes. El Premio Nacional esperemos fomente una mayor inversión por parte de la empresa privada para una actividad que da frutos tangibles y que es abanderada de tantas otras iniciativas en las zonas pobres de la ciudad.

Nuestro país ha recuperado un premio que distingue a quienes aportan a la cultura nacional. Los ganadores son personalidades e instituciones que han entregado ideas, arte y esperanza al país y es un justo reconocimiento el de esta edición. Esperemos que en la próxima el país entero pueda identificar y celebrar a quienes nos dan de sí para nuestro crecimiento como sociedad.

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