Like a (bad) boss

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Yo tenía un trabajo en el 2010, duré un par de meses y de ahí me salí. Nunca me hicieron problemas, me daban permisos cuando los necesitaba y el trato siempre fue amable conmigo. No era lo mismo con todos los demás trabajadores. Las ganas de renunciar siempre aparecían en el ambiente, las quejas, el estrés, los descuentos de hasta tres días, y más de una vez una trabajadora salió llorando de la oficina del jefe, por la mala manera y la falta de tacto de este.
Es cierto que la imagen de ‘El Jefe’ siempre es sinónimo de autoridad y disciplina, pero el asunto adquiere una distinta tonalidad cuando se vuelve sinónimo de temeridad y miedo, y de estos casos hay miles y miles en el Perú y en todas partes del mundo. Que no estás en planilla, que las horas extras no pagadas, que el sueldo es menor al que habían acordado, y una infinidad de cosas que se cometen cuando existe un abuso de poder.
Y hablo de abuso de poder cuando digo que un jefe pasa el límite. Y hablo de más abuso de poder cuando digo que el Ministro de Trabajo agrede a una trabajadora de LAN en Arequipa. Y hablo de desfachatez cuando miembros del gobierno dicen que ‘él ya se disculpó’, y pretenden dar por terminada la situación.
Lo ocurrido el 27 de noviembre no es producto de un montaje para un programa de cámara escondida, sino que es el registro verídico de lo que el señor José Villena pretende defender; el respeto a los derechos laborales. ¿En qué momento se disolvió esta imagen de representante digno de los trabajadores? Fue pues ese mismo 27, cuando lejos de presentar un comportamiento sobrio y digno de un ministro de Estado, explotó dejando a flote lo que, certeramente, todos los que hemos trabajado en algún momento no queremos que presente alguien que vela por nuestros derechos.
La actitud prepotente de llegar apenas unos minutos antes de que salga su vuelo, y esperar que se pueda concretar el viaje solo porque “él es el Ministro”, hace gala de la calidad de persona que es Villena. Arrogancia, pérdida de papeles, amenazas y agresión. ¡Qué más podemos pedir! Claro, me olvidaba, el eterno mutis presidencial. La cereza del pastel.
Tal vez ese intento de dar por zanjado lo acontecido parte del trauma ‘OmarChehade’, segundo vicepresidente que tuvo que ser destituido por tráfico de influencias, a pesar de haber sido el hombre de confianza del presidente Humala. O de la renuncia de los ex ministros de Defensa y del Interior -Alberto Otárola y Daniel lozada- para evitar que el Congreso los sancione por la muerte de 10 policías y militares a manos de narcoterroristas en la ‘Operación Libertad’. Pues, qué pena, pero esta vez uno más se va.
No queremos que el ‘incidente quede superado’, queremos que Villena responda por sus actos y deje de excusarse, que acepte que sí fue una agresión, que demostró que no está apto para el cargo que maneja, que entienda que esto no va a quedar superado, pues no podemos hablar de una confianza entre los representantes y los representados si se cometen este tipo de actos. Si se va uno más, si se van dos más o si se van veinte más, no importa. Con tal de que estén los que realmente tienen vocación y responsabilidad para demostrar con el ejemplo lo que predican. ¡Adiós ministro Villena, que tenga buen viaje!
Paloma Verano
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