Detrás de La Haya

  • Perú y Chile tienen economías entrelazadas cuyo futuro económico depende de la estabilidad de cada uno.
  • El desenlace del juicio en La Haya puede ser un buen escenario para dejar atrás la agenda de seguridad en la relación bilateral y centrarnos en el aspecto de cooperación económica, siempre y cuando Chile respete el fallo.
  • La información es el primer paso hacia una cultura de paz y cooperación entre países, donde temas espinosos como la delimitación territorial puedan mantenerse separados del comercio y de la integración regional.
Por Henry Ayala.
Estamos en presencia de uno de esos pocos momentos donde las relaciones internacionales están presentes en el imaginario de la opinión pública. Así, el diferendo marítimo que viene siendo arbitrado por la Corte Internacional de Justicia no solo simboliza el último asunto pendiente en temas limítrofes de nuestro país, sino que podría significar el desenlace de una historia conflictiva entre Chile y Perú; final que puede abrir nuevas puertas hacia la potenciación de la cooperación bilateral entre ambos países.

Las cuerdas separadas

Desde el conflicto bélico que se desencadenó entre ambos países, las relaciones peruano-chilenas han estado basadas en las consecuencias y tratados posteriores a la guerra. No obstante, desde la apertura al comercio internacional de ambos países, la política exterior del Perú ha tendido a abrir otro campo de las relaciones: El económico. De esta manera, y como dicta la teoría de cuerdas separadas, los tratados de libre comercio y de cooperación económica pueden sostenerse a la par de problemas de soberanía.
Y es que no es secreto que Chile es uno de los principales inversionistas en el mercado peruano, siendo su capital fruto de miles de empleos en territorio nacional. La diferencia con Perú es que este le exporta principalmente materias primas sin valor agregado como minerales y combustibles al país vecino. Perú y Chile tienen, así, economías entrelazadas cuyo futuro económico depende de la estabilidad de cada uno (interdependencia compleja).
¿Cómo afecta la demanda de La Haya a esta relación? El principal efecto es el mediático, con el cual reaparecen los sentimientos nacionalistas y revanchistas que muchos de los peruanos poseemos aún. El diferendo marítimo abre la herida de siglos de relaciones conflictivas con el país del sur con el que nadie está dispuesto a ceder. Así, tanto políticos como medios de ambos países aprovechan la oportunidad para ganar cámara con un discurso conflictivo y pasional que poco ayuda a la imagen de la cooperación entre dichos países. Es en casos como el diferendo marítimo donde las dos cuerdas –soberanía y comercio- se terminan de juntar.

Post-Haya

No obstante, el desenlace del juicio en La Haya puede ser un buen escenario para dejar atrás la agenda de seguridad en la relación bilateral y centrarnos en el aspecto de cooperación económica. Esto es, siempre y cuando, Chile llegue a respetar un fallo que no le favorezca*.
¿Qué tan seguros podemos estar de esto? Remitiéndonos a las declaraciones del presidente Piñera y su ministro de relaciones exteriores, podríamos decir que existe una sana disposición a acatar el fallo que se obtenga del juicio. Además, Chile viene de una tradición institucional muy fuerte donde el consenso marca la pauta de la política santiaguina. Sin embargo, recordemos también que Piñera y Moreno hablan influidos por la derecha empresarial de la que forman parte en el gobierno, la cual tiene intereses en que el comercio con Perú crezca.
Asimismo, las desatinadas declaraciones de ex presidentes de Chile como Eduardo Frei o Ricardo Lagos dejan entrever a una clase política indispuesta a aceptar un “fallo salomónico” que, al final, es por lo que apuesta Perú con la línea equidistante para designar los límites marítimos. También viene al caso lo cercano de las elecciones en Chile donde es probable que el tema de La Haya genere posiciones divergentes.
Ante todo esto, debemos recordar las debilidades del derecho internacional, el cual puede fallar pero cuenta con recursos limitados para hacer cumplir el fallo, puesto que no existe un ente rector por encima de los estados que pueda emitir sanciones en caso de desacato. El único organismo que podría hacerlo es el Consejo de Seguridad de la ONU, donde uno de los países con derecho a veto –Estados Unidos- anteriormente le ha dado la espalda a la Corte. Finalmente, el reciente fallo en el caso entre Nicaragua y Colombia y la intención de Santos a no acatar pone un precedente en la región cuyas consecuencias influirán mucho en la decisión chilena post-haya.
En suma, sea cual fuere el fallo de la CIJ, hay un escenario todavía incierto en las relaciones entre ambos países que puede disiparse con el pasar de los meses hasta el veredicto en Junio de 2013. Mientras tanto, es importante que la opinión pública esté atenta sobre el devenir de la fase oral y de la coyuntura política de ambos países. Recordemos también que la información es el primer paso hacia una cultura de paz y cooperación entre países, donde temas espinosos como la delimitación territorial puedan mantenerse separados del comercio y de la integración regional.
*Es preciso aclarar que solo se habla en los medios de si Chile acata o no acata porque Perú no tiene capacidad para no acatar, puesto que ninguno de sus territorios marítimos se encuentra en disputa, además de ser el país demandante.

Bonus track:

Los entretelones de la fase oral
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