Vuelve la caldera a Egipto

  • Decenas de opositores al régimen de gobierno egipcio protestan frente al palacio presidencial en El Cairo en las últimas horas contra los nuevos decretos constitucionales.
  • Las protestas responden a la decisión presidencial de otorgarse poder sobre la ley, lo que amenazaría las libertades individuales y mayor peso intolerante del Islam. 
  • El país se muestra polarizado en las calles entre islamistas seguidores del gobierno y laicos opositores, dejan al menos tres muertos y amenazando la paz. 
  • El 15 de diciembre está programado el referéndum que definirá si la nueva Constitución redactada por el actual poder se hace vigente o triunfa la oposición.  
Egipto vuelve a estar en el ojo de la tormenta por la convocatoria realizada por las fuerzas de oposición a las masas para realizar protestas contra el presidente Mohamed Morsi, entre otras cosas, por decisiones a favor de la restricción de la libertad de prensa y el dominio casi total de los poderes del estado. La respuesta al llamado trajo consigo a decenas de miles de personas que se apersonaron en las afueras del palacio de gobierno, obligando al mandatario a abandonarlo por medidas de seguridad, extremadas por la policía local hora antes de iniciados los reclamos. Partidarios del gobierno, Los Hermanos Musulmanes, han unido fuerzas para realizar contramarchas, dejando un panorama polarizado en la región.
“La policía ha lanzado dos o tres latas de gases lacrimógenos y mucha gente se ha desmayado”, explicó en su cuenta de Twitter el famoso bloguero The Big Pharaoh, que cada cierto tiempo desvela información y construye relatos sobre la realidad gubernamental de su país. Al menos dieciocho personas resultaron heridas de los enfrentamientos leves entre autoridades y protestantes, que se detuvo cuando ambos frentes tomaron decenas de metros de distancia entre ellos. Los activistas siguieron coreando cánticos a la distancia, en especial el conocido: “El pueblo quiere la caída del régimen”, símbolo de las marchas en contra del régimen de Hosni Mubarak, que se vuelve a oír ahora contra Morsi, electo el pasado mes de junio en elecciones libres.
Unas 200 personas han acampando la noche del martes  frente al palacio en El Cairo para expresar su rechazo ante los decretos en la constitución que le otorgan poder al presidente sobre los jueces. Líderes del partido oficialista organizaron una contramarcha en el mismo lugar para ofrecer apoyo y resistencia al gobierno contra estos manifestantes opositores. Durante todo el día miércoles, se han registrado enfrentamientos entre ambos bandos, con cócteles molótov incluidos, piedras y armas de fuego. Hasta el cierre de esta nota, se han registrado tres muertos civiles en la zona.
La realidad política actual de un país convulsionado
Desde la caída de Hosni Mubarak hace dos años, el país africano ha realizado un camino errático. El último suceso, donde la Asamblea Constituyente terminó la redacción de un nuevo documento constitucional, la plaza central de la ciudad se vio abarrotada para expresar rechazo al gobierno del nuevo presidente. Y el enfrentamiento en estos días entre opositores y seguidores, laicos e islamistas, se arman en enfrentamientos mientras el Ejército mira con pasividad la escena en las calles.
La transición de Egipto tiene como personajes principales a jóvenes revolucionarios, salafistas, Hermanos Musulmanes, militares y las redes de interés social que sostenían al antiguo gobierno opresor, y los escenarios casi siempre son las calles y en menor medida los tribunales o las urnas. La redacción constitucional del presidente Morsi, donde se decreta poderes casi absolutos sobre las principales instituciones del país, han vuelto a remecer este inestable suelo político y social. Por un lado ahora están alineados los jueces, activistas revolucionarios, laicos y nostálgicos personajes del viejo orden. En el otro extremo, musulmanes, el partido oficial del gobierno y movimientos islamistas. El último sector es el más organizado y poderoso.
Aunque los reclamos son incesantes, el gobierno continua con sus planes, estando seguro que cuentan con el apoyo de la mayor cantidad de egipcios y no piensan contar con las fuerzas laicas para elaborar la Constitución. Lo que pide la oposición es tan profundo que haría falta retirar el texto completo para calmar el mar de personas que se amontona en las calles. Como es recurrente en todas partes donde el autoritarismo florece, la redacción del documento parece estar en lenguaje ambiguo. Dentro de todo, establece un peso mayor del Islam en la vida pública, otorga una amplia autonomía a las Fuerzas Armadas y no elabora garantías a la libertad expresión y culto, a pesar de sí hacer una prohibición de la tortura.
La Constitución debe ratificarse en referéndum, que se hará efectivo el próximo 15 de diciembre, decidiendo el futuro político del país en las urnas —electores habrán acudido a votaciones al menos seis veces en dos años—. A favor del gobierno juega la maquinaria electoral y la disciplina militar, y el apoyo religioso de las mezquitas. A pesar de esto, el resultado no esta todavía definido, pues diversas fuerzas se han sumado en contra. Los principales medios de comunicación han realizado un “apagón informativo” para recalcar que el gobierno solo busca el poder. Por último, vale decir que el presidente fue elegido hace seis meses solo por un 51% de votos.
Por último, la realización del referéndum está todavía en duda, pues muchos jueces, de rechazo al cambio constitucional, se han pronunciado en contra de supervisar las actividades. Es digno de sospecha que el presidente Morsi pueda hacer algunos cambios en la redacción para atraer más seguidores al “sí”. El lío político solamente trae descontrol en las calles y pone más lento el desarrollo del país, cuya maltrecha economía se encuentra paralizada.
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