Entre ríos profundos y habladores

  • El 2 de diciembre de 1969 falleció José María Arguedas. El 4 de diciembre de 1994 partió Julio Ramón Ribeyro.
  • Ambos representan para el Perú grandes autores de obras que reflejan distintas realidades de un mismo país.
  • Su lectura nos abre un sinnúmero de lecturas en camino hacia un encuentro con el centro mismo de nuestra peruanidad.
Un artículo de Carlos Barzola Florián.
En el Perú podemos sentirnos orgullosos de la tradición literaria que tenemos. Los lectores de este país podemos encontrarlo retratado en obras de grandes trabajadores de la palabra en diversos géneros y con variadas influencias. A la llegada de diciembre, recordamos la partida de dos de los más grandes exponentes de la literatura peruana: el novelista José María Arguedas y el cuentista Julio Ramón Ribeyro.
Más que un simple recordatorio de su fallecimiento, acontecido el 2 de diciembre para el centenario José María y el 4 de diciembre para “el flaco” Julio Ramón, esta fecha nos da la oportunidad, como una asignatura pendiente que conservamos frente a tamaños autores, de recordarlos por medio de su legado.
De Arguedas se puede decir tanto como montañas guarda su querido ande. Andahuaylino de nacimiento, pocos escritores como él manifestaron su compromiso con la realidad andina de nuestro país, con su cultura y con un proyecto conjunto de país, expresado en sus textos que le añaden la enorme capacidad estética propia de José María. Su tratamiento del lenguaje, la riqueza de la cultura andina y la perspectiva de la realidad desde los ojos del hijo de la serranía, para quien la naturaleza, las montañas, los ríos, hacen más que mera presencia, se conservan como joyas en sus textos.
En los más destacados encontramos la travesía del pequeño Ernesto en “Los Ríos Profundos”; la inconclusa novela del Chimbote progresista, “El zorro de arriba y el zorro de abajo”; la generación de problemas por la mina en Villa San Pedro de “Todas las Sangres”; la diversidad de personajes y la crudeza dentro de la cárcel en “El Sexto”; “Yawar Fiesta”; “Diamantes y Pedernales”; así como cuentos como “La agonía de Rasu Ñiti”, “El sueño del pongo”, la compilación “Agua”, etc., poemas y el vasto trabajo antropológico publicado, entre los cuales destaca “Dioses y Hombres de Huarochirí”, traducción de mitos de la creación del mundo reunidos por el sacerdote Francisco de Ávila.
Sin dudas, Arguedas es un escritor clave para la comprensión de la cultura de la serranía, históricamente oprimida e ignorada. Triste es el resaltar en Arguedas su fallecimiento, pues producto de su depresión que lo llevó al fatídico balazo en el baño de la Universidad Agraria, surgió “El zorro de arriba y el zorro de abajo” en una publicación póstuma y con una realidad que se percibe en la novela: un autor que se impregna en sus páginas y nos permite experimentar el dolor que lo acompaña en el proceso creativo.
Julio Ramón Ribeyro es considerado el mejor cuentista del Perú. Para demostrarnos que en las letras también nos podemos preciar de nuestra variedad, Ribeyro nos presenta la ciudad de Lima, una Lima llena de miseria, una ciudad real con todas sus capas de esas cosas que por momentos no nos gusta recordar, pero que él lo hace con maestría en sus palabras. Los de arriba y los de abajo, pero en un contexto diferente al del Chimbote arguediano, nos revela el racismo, la brecha entre clases, el fracaso, la llegada a la ciudad, dentro del estilo del realismo urbano, de pluma irónica.
Entre los textos más destacados de Ribeyro encontramos la historia de los niños Efraín y Enrique en “Los gallinazos sin plumas”, “Cuentos de circunstancias”, la compilación de sus cuentos “La palabra del mudo”, “Sólo para fumadores”, la novela que refleja el viaje de autoconocimiento del adolescente Lucho en “Crónica de San Gabriel”, etc., obras del gran prosista peruano, destacado a nivel nacional con premios como el Nacional de Novela, de Literatura y de Cultura, así como el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.
Nunca está de más invitar a la lectura de estos dos peruanos emblemáticos, universales por medio de sus creaciones. Una fecha como esta nos incita a reflexionar sobre el legado que nos dejaron al partir, talento que está al alcance de nosotros.
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