Fania, sus faniáticos y cuarenta años de sabor

Foto: Terra Entretenimiento

Una crónica de Carlos Barzola
La primera vez que escuché el nombre “Fania All Stars” fue antes de escuchar su música. Recuerdo bien que mi expectativa surgió cuando vi que entre tantas orquestas, una de ellas podía jactarse de reunir a todas las estrellas. Qué gran título, que no oculta el talento y la experiencia de más de cuarenta años forjando el género salsa.
El viernes pasado, el moderno e irreconocible Nacional no olvidó los años vividos y, añejo, recibió a miles de fanáticos de la salsa, la clásica. En una ironía tan propia de nuestro tiempo, pantallas gigantes de última generación reflejaban vídeos en blanco y negro donde hábiles muchachos músicos ponían a bailar a la gente en las calles del Bronx, y que al salir al escenario dejaban ver el paso de los años. Pero eso antes de tocar, pues nos iban a demostrar que el oído musical se mantiene intacto. Con una motivación previa destacada gracias a la Spanish Harlem Orchestra, salsa de salón, ganadores de 2 grammys, el público se rindió ante las estrellas de Fania.
Daban las 10:15 de la noche. Al ritmo del emblemático “Oye, qué rico suenan, las estrellas de Fania” el Nacional dio inicio a la rumba sobre el gramado o en las gradas, evadiendo el poco espacio. Adalberto Santiago, Ismael Miranda, Rubén Blades, Cheo Feliciano y Domingo Quiñones dieron la voz y el maestro Johnny Pacheco comandó a la orquesta, haciendo un esfuerzo por que la edad no opaque a la música.
Con una masiva ovación el respetable agradeció ese inicio, pero no pudo detener las palmas, ahora para marcar la clave y entonar una canción que homenajeaba a Junior Gonzáles, intérprete que falleció este año: “La Cartera”, en voz de Adalberto Santiago, con “el judío maravilloso” Larry Harlow y Lewis Khan. Santiago continuó su intervención con “Quítate la máscara”, otro clásico de su repertorio.
A lo largo de estos años, brillantes miembros de la Fania partieron. En un corto pero sentido vídeo les rindieron homenaje a talentos como Ray Barretto, Barry Rodgers, Yomo Toro, Ismael Rivera, Pete ‘Conde’ Rodriguez, Santos Colón, Celia Cruz y al cantante de los cantantes, Héctor Lavoe, para quien Domingo Quiñones ofreció un popurrí compuesto por “El rey de la puntualidad”, “El cantante” y “Mi gente”.
Le llegó el turno al ‘Niño bonito’ Ismael Miranda, quien con su inconfundible voz interpretó “Señor Sereno” y “Tiene Montuno” coreados por los salseros que llegaron desde diversas partes de la capital y de la Provincia Constitucional, a la que las estrellas recordaban siempre con un “Chim Pum Callao”.
Quien se reencontró con la Fania luego de 30 años fue Rubén Blades, el panameño que le regaló al público limeño “La palabra adiós”, “Sin tu cariño” y, con anécdota previa por la azarosa oportunidad que le dieron para cantarla por primera vez, “Juan Pachanga”.
Cheo Feliciano salió al escenario y con su popular “familia” avivó aún más al público peruano. Antes de su esperada participación, Alfredo de la Fe y Papo Lucca agradecieron a su manera las muestras de cariño de nuestro país con una versión de “Todos Vuelven” y “Contigo Perú”, frente a la rojiblanca de la torre del Nacional. Tras las palmas para el violinista y el pianista, Cheo interpretó “Encantado de la vida” con quien calificó como “la voz del Perú”, Eva Ayllón. También desplegó su talento con “Nina” y, reconociendo antes a Tite Curet Alonso, gran compositor y autor de esta canción, “Anacaona”.
Al culminar la canción se apagaron las luces del escenario. El público sabía que llegaba el dúo de músicos invitados, auténticos emblemas salseros Richie Ray y Bobby Cruz, quienes con su particular estilo que mezcla los clásico del piano y la calle del latino, hicieron bailar a todo el estadio con “El jala jala”, “Ahora vengo yo” y la melodía que hace soltar a las bestias “Sonido Bestial”. La pareja compuesta por un Bobby de entero traje blanco elegante y, no se confunda, no es Stravinksy, es Ricardo Ray hizo del estadio un salsódromo.
En la parte final del concierto, con la gente satisfecha por la demostración de calidad, todas las estrellas interpretaron “Quítate tú”. Era el broche de oro para un concierto que sin lugar a dudas se quedaría en la memoria de quienes bailaron hasta pasada la una de la madrugada. La orquesta se despedía y agradecía al Perú.
Pero, faltaba un espectáculo más, pues el gran bailarín no podía quedarse sentado todo el concierto. Al grito de “otra” de la gente, la Fania escuchó y nos regaló “Ponte duro”, con un coro de lujo y los pasos de baile de Roberto Roena.
La noche del viernes más de 25 mil personas remecieron el Nacional con pasos que resultaron hasta inevitables frente al talento y maestría de los muchachos de Pacheco, las estrellas de la Fania. Por parte del Perú salsero solo cabe decir “Gracias, maestros. No hay duda de que son las estrellas”.
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