Un maestro sin método

Los buenos técnicos tienen siempre una característica definida: poseen una clara concepción del estilo de fútbol que logran imponer en sus equipos. Por ejemplo, Gerardo Martino, prioriza una defensa sólida antes que el asedio de un ataque constante; así, logra equipos defensivos muy duros y que generan pocas oportunidades de gol. Por otro lado, Jorge Sampaoli, apunta a atacar con mucha gente y por los lados, dejando apenas tres defensas en una línea muy adelantada. Ambos son ‘Bielsistas’, pero tienen una manera diferente de plasmar su trabajo en los equipos que les toque dirigir.

En Perú, estás ‘identidades’ son mucho menos comunes. El nivel de los entrenadores se ve reflejado en el nivel del mismo campeonato, donde la gran mayoría de equipos carecen de una característica marcada. Son pocos los directores técnicos que realmente trabajan y son distintos por ser estudiosos y por buscar el máximo rendimiento a partir de mayor trabajo.

Nolberto Solano llegó a la U para suplir a un ‘Chemo’ agotado por los problemas dirigenciales, quien manejaba un equipo que, además de perder, jugaba mal. Un técnico nuevo llega a un equipo grande. Con la institución en crisis, a Solano lo rodeaba una gran incógnita: ¿cómo va a jugar?. Los estudios en Inglaterra lo respaldaban. Había que esperar.

Estaba claro que el equipo que él quería no se encontraría en el primer partido. Con un mensaje de sensatez, el cuadro crema empezaba a conseguir resultados y escalar posiciones. ‘Ñol’ cumplía lo que decía: devolver la solidez y la garra. En ello encontró su punto fuerte, lo que le permitió conseguir incluso resultados abultados.

Solano buscó intensidad, presión y verticalidad. Las líneas adelantadas permitían presionar arriba y hacerse del manejo del balón, que siempre pasaba por las bandas hasta buscar al nueve que anotaba sin perdonar.A pesar que los equipos venían al Monumental a meterse atrás, la U y el pressing– con aporte de Ortega y Mendañadesde la banca- , terminaban por vencer.

Solano supo componer un grupo partido que, vale aclarar, no armó él. Sin embargo, nunca encontró un rendimiento parejo. Flores, el jugador distinto, partió y se llevó con él la posibilidad del desequilibrio individual, ‘Ñol’ no logró compensar ese vacío y la U lo sufrió. Además, el goleador Miguel Ximenes había caído en una de esas malas rachas que parecen no tener final. Universitario sólo tenía solidez. Sin un armador en el medio campo, el cuadro crema no encontró una idea clara de juego. Los rivales concretaban y el equipo perdía, como el de ‘Chemo’, sin jugar bien.

Cinco meses después, Solano no encontró un método. Su equipo deambuló entre partidos buenos y malos, y se encasilló en la solidez y la bien trabajada táctica fija. Los jales para las liguillas no funcionaron y quedó con menos alternativas. En la gran mayoría de partidos, manejó el balón sin una idea clara. No obstante, el balance para ‘Ñol’ es positivo. La U tiene ahora la posición que merece. Nadie logra el equipo que quiere sin los jugadores que necesita, pero  él sufrió al momento de plantear y replantear los partidos. Dicen que el segundo año de los entrenadores al mando de un equipo, es cuando por fin se asientan y logran su mejor nivel. Que así sea, y que por fin, el maestro sepa como dar su clase.

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