Korean pop: de lo tradicional a lo moderno

  • La música tradicional de Corea ha prevalecido durante siglos en diferentes expresiones, incluso por décadas luego de la división del territorio por identidades políticas y diferencias económicas y culturales.
  • Desde la democratización del Sur, la cultura popular del país, influenciada desde los cincuenta con elementos de occidente, ha pasado a ser interesante factor económico por el alto nivel de exportaciones.
  • Todo el camino desde allá, Big Bang, banda representante del mainstream popular de la música actual de Corea del Sur, llegó al Perú para remecer a miles de jovencitas con la letra en coreano de memoria entre sus labios. 

Presentación de Pansori en Busan (Foto: Internet)

La influencia de occidente en oriente se hace sentir cada vez más, quién podría negarlo. Cada vez parecen más lejanos los días en que la música folclórica de Corea se extendía con predominancia por todo el territorio, basada en creencias budistas y shamanisticas, con danzas y tambores, y dividida entre la aristocrática, la académica, la religiosa y la música de las Cortes. Una serie de modos melódicos y diferencias rítmicas distingue a un estilo musical donde se ha privilegiado siempre la calidad sonora y la lírica. El ritmo encierra misticismo, incluso hasta nuestros días, y muy pocos prefieren internarse en descubrirla, tomando como punto de partida otros países como Japón o China.
(Indicación: apretar los nombres para descubrir la música).
Pansori, o la música interpretada por un cantante y un percusionista, tiene como punto principal las líricas, involucra la participación de la audiencia y la narración de cinco historias diferentes, pero que cada intérprete elabora su propia versión. Por su parte, el Pungmul es una danza con percusión muy tradicional, donde más de una decena de intérpretes la realizan al aire libre en movimientos continuos que a veces incluyen canto. El Sanjo, otro ejemplo de música folclórica, no tiene pausas y los tiempos rítmicos son todos de gran velocidad, que aumentan con cada movimiento musical. Es instrumental por completo y participan varios instrumentos típicos como el Changgo, el Gaayageum o el Ajaeng. La música de la Corte, quizás la única que tiene una fecha exacta de creación —pues parte de la Dinastía Choson en 1392—, es la música más típica de las instituciones gubernamentales.
La gran diferencia que existe en la música coreana de la japonesa o china, es que el ritmo es más alargado que cambia constantemente a lo largo del proceso de composición. De ahí en más, la calidad y la soberbia se mantienen, quizás solo sea diferente cierta costumbre lírica o la propia identidad cultural en lo subjetivo. ¿Por qué se ha tardado en hablar de Corea, entonces, en el ámbito de todas las artes? Quizás la respuesta única sea su constante conflicto interno, que separa en dos un mismo territorio, en Norte y Sur, y que de la parte Norte poco se conoce en el exterior por su modelo político gubernamental autoritario y represivo. Y quizás, esa sea la razón por la que ahora sí, después de décadas de intercomunicación cultural fuera de sus fronteras, las artes sur-coreanas se mezclen con méritos en la cultura global.
Lo contemporáneo, de tantas diferencias

Leyenda del rock sur-coreano Shin Jung-hyeon (Foto: Internet)

El primer período que comprende a la música tradicional es la era antigua, y luego la medieval, donde se estableció más sobre los parámetros aristocráticos y religiosos. Ese recorrido es hasta épocas contemporáneas, pues el tercer movimiento importante de la música, específicamente de Corea del Sur, país vinculado estrechamente vinculado con occidente en políticas liberales y democrática  y economías plurales, externas y capitalistas, ha venido a formar parte de este intercambio de costumbres que ahora lo influye como nunca antes.
Un ejemplo de aquello es el cine sur-coreano, que  ha adquirido nombre a nivel mundial por películas como OldBoy y Cast Away on the Moon, por su calidad técnica desbordante e historias creativas, originales y de mucha realismo concreto. Toda una pequeña industria que se expande a ritmo acelerado: Pietà, realización sur-coreana reciente, se ha llevado el León de Oro en Venecia, uno de los festivales de cine más aclamados e importantes de nuestros tiempos.
Sin embargo, un ejemplo mayor es que la música tradicional en la región está en las cercanías de desaparecer en lo absoluto por la presencia de un ritmo que sur-coreanos han adoptado como suyo, revolucionando sobre él para crear una  melodía cuasi similar, con algunos detalles propios más reconocibles por aficionados que por oyentes de paso. Este fenómeno es denominado Mainstream popular music, o más conocido como K-pop, cuyas tonalidades son altamente comerciales a lo largo de todo oriente, creando toda una ola de popularidad alrededor de sus intérpretes y temas, tomando como punto de partida los rimbombantes atributos de la música pop occidental.
El oscurantismo se terminó para la cultura del país. Desde 1999, todas las exportaciones de series televisivas y canciones populares sur-coreanas se han doblado en la pasada década, siendo un total de productos exportados un enorme 1.8 billones en el 2008. ¿Ha que se debe este cambio de perspectiva, además de la ruptura con el autoritario norte cincuenta años atrás? Pues, es evidente que una nueva mentalidad ha crecido en la generación contemporánea, que han disfrutado del crecimiento económico del país y esto ha ocasionado un cambio en sus oportunidades y expectativas. La gente ha abandonado trabajos de clase media para buscar fama, trabajos de ensueño y éxito ascendente, tal y como se percibe en occidente.
Los primeros rasgos de la música popular es el llamado Trot, que alcanzó mucha importancia antes y durante la Segunda Guerra Mundial, y que en la actualidad viene reapareciendo en escena con recreaciones modernas. En los años cincuenta y sesenta, el rock invadió, expandido a Corea del Sur por la armada estadounidense durante la sangrienta Guerra de Corea. Shin Jung-hyeon es conocido como el Padrino del Rock Coreano, quien en algún momento se enfrentó al presidente autoritario Park Chung-hee por no obeceder la orden de hacer una canción en su honor. La influencia de occidente continua con el T’ong guitar, una forma de folk rock coreano, inspirado en artistas como Joan Baez y Bob Dylan, cuyas letras hablaban sobre dilemas sociales y políticos, muchas veces censurados por el gobierno represivo de los setentas y ochentas, hasta que llegó la democracia en 1987 y este movimiento fue reconocido por su activismo. Hahn Dae-soo es uno de los representantes más famosos.
Antes de dar paso a los géneros dance con electrocutados bailes, el último rezago del rock tradicional que se alcanzó fue el grupo Sanulrim, toda una institución en el género. Pero a mediados de los noventa, el hip hop ingreó a las ciudades más populosas como Seúl y Busán, y creció con la presencia de Seo Taiji and the Boys hit Nan arayo, o traducido al español como Yo sé. Hasta la actualidad, este género se ha esparcido como un virus por Internet, tanto como para dar pie a un mainstream descomunal que creó un género posterior, adentrándose a la última década, conocido como Idol groups. Este genero ha creado una legión gigantesca de seguidores a lo largo y ancho del globo, y ha puesto la industria musical popular de Corea en la mira de todos con grupos como H.O.T, Super Junior, Girls’ Generation, Big Bang, entre muchos otros.
El día que Lima explotó

Big Bang en el escenario del Jockey Club (Foto: El Comercio

Todo el camino desde las tierras orientales de Corea del Sur hasta una cola en las afueras del Jockey Club de Lima, una de las bandas más representativas y adoradas en el exterior se presentó el pasado 14 de noviembre para remecer a miles de seguidoras que decidieron acampar con o sin sus padres días antes para conseguir estar lo más cerca posible de sus ídolos. Pareciera que esa cola no tenía fin y los colores amarillos luminosos de sus ropas prendían las calles de una ciudad gris. Algunos padres, incapaces de comprender el fanatismo de sus hijas, se quejaban de la noche fría y de la mañana calurosa, desubicados de estar apostados allí.
Dentro del lugar, una serie incontable de merchandising acompaña el recorrido de las aficionadas hacia el escenario, como la compra de unas coronas luminosas para homenajear durante el concierto a sus “reyes del K-pop” como todas los llaman. Anillos luminosos en las manos también representan a cada canción. Diferentes marcas ofrecen fotografías con calcomanías a tamaño completo de los integrantes de la banda. Todos los fanáticos se han reunido semanas antes para planificar y enterarse sobre los entre telones del que parece ser el concierto de sus vidas. Existe una codificación específica por rangos para las aficionadas y a sus ídolos los llaman como debe ser: Idols. Este no es un fenómeno, se extiende hace tres o cuatro años y las colonias virtuales donde se han agrupado por un mismo gusto musical, solo en Lima, no pueden terminar de contarse.

Sin aliento y sin voz, las aficionadas entregadas (Foto: El Comercio)

El escenario asemejaba una gran muralla y las interminables luces adornaban un trono perfecto para esos cuatro muchachitos que, aunque para cualquier no fanático hubieran parecido los hijos del vecino, esa noche brillaron como dioses con un ritmo de líricas indescifrables que, aun así, eran coreadas hasta la última estrofa por hablantes del español. Algunas frasecillas en inglés era lo único que podía distinguir el respetable asolapado que nada tenía que hacer con el éxtasis interminable de las muchachas en las largas e incontables primeras filas. Por algo la revista TIME los ha pronunciado como “los más prometedores sucesos de Corea del Sur” y el Korea Times como “los íconos de la música popular coreana”. Como si tocara Coldplay para todos los fanáticos del rock alternativo británico.
Ya sabemos el dicho: entre gustos y colores… Y así como el pegajoso sonido del Gangman Style, las canciones de Big Bang resonaron en la mente de todos los asistentes y seguramente está a la vuelta de la esquina que alguno de sus éxitos sea el coro popular de muchas civilizaciones, como lo es ya esa danza del caballo que tanto se repite en todas las esquinas y que, adivine, su origen es Corea del Sur.
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