¿En qué momento se quiso joder a la literatura?

  • La Casa de la Literatura fue creada en el 2009 por el ex presidente Alan García.
  • Es un centro literario líder que difunde y revaloriza la literatura peruana a través de programas educativos.
  • Se fundó en la Estación Central de Desamparados, pero ahora se planea ubicarla en un lugar menos céntrico y más alejado de las zonas populares.
Un artículo de Carlos Barzola
Declaraciones ambiguas entre funcionarios del estado que ponían en peligro la Casa de la Literatura, culminan desmintiéndose a ellas mismas. Manifestaciones, cambios de versiones y un intento de desalojo que nos demuestra que la cultura no es un tema de agenda nacional en nuestro país.
Esquina de Carabaya con Ancash, frente al histórico bar Cordano, con una ubicación privilegiada, ‘La Casa de la Literatura Peruana’ ha sido protagonista en la prensa estos días, y no gracias a un logro literario de una pluma nacional, sino por las declaraciones que el Primer Ministro, Juan Jiménez, y el ministro de Cultura, Luis Peirano, expresaron con respecto a la continuidad de la entidad abocada a la literatura en la Estación de Desamparados.
La Presidencia del Consejo de Ministros manifestó su interés de trasladar sus oficinas a otro ambiente, entre los cuales se consideraba a la antigua estación, desestimando un proyecto que en sus instalaciones ya se realizaba, como lo expresaron tácitamente sus desafortunadas frases. Esto despertó la preocupación de los trabajadores y fue su directora, Karen Calderón, quien expresó su disconformidad con esta propuesta. El ministro de Cultura, encargado del despacho esperado por la necesidad de mayor presencia del sector, antes que descartar la posibilidad, sembró mayor incertidumbre al confirmar que estaban analizando un cambio de ubicación hacia un mejor local. Si esto lo comprendemos tras el traspaso de la Casa de la Literatura de la cartera de Educación a Cultura, nos daba pistas claras de lo que ocurriría. El lugar que se barajaba como nueva sede sería el complejo del Museo de la Nación, abandonando el céntrico damero de Pizarro.
En la puerta del Cordano, admirando la fachada de un Desamparados que ha presenciado tantos fracasos como proyecto de nación, tantas quejas y, por alguna ventana entreabierta de Palacio, tantas traiciones, y que por ahora alberga a quienes aportaron para que podamos comprender cómo ser peruanos y cómo ser humanos, cabe preguntarse emulando a Zavalita con una molestia compartida: ¿En qué momento se quiso joder a la literatura?
Quizás para muchos estos cambios pasarían desapercibidos, pero para otros estas afirmaciones despertaron su indignación, pues veían en las palabras de Jiménez y Peirano un desinterés tremendo por el recinto y sus funciones. Y no era para menos, el Premier en su afán de expandir las oficinas de su personal, siendo legítimo su interés, escogió un ambiente que se caracteriza por cumplir una función tan fundamental como postergada en el país, una propuesta real y práctica de acercar a la población a la lectura.
En un país donde no se lee, y no necesitamos de análisis o reportes extranjeros porque nosotros mismos somos conscientes de ello, no podemos darnos el lujo de despreciar una alternativa de esta naturaleza. La iniciativa de un lugar donde se admire la vida de plumas notables que llegaron a ser universales y se aprecien sus obras de manera didáctica, al alcance de niños, jóvenes y adultos que no están familiarizados con ellas, es verdaderamente laudable. Despertar el interés por la lectura, y en general el conocimiento es una de las funciones de la educación nacional, tan venida a menos, ignorada y mancillada por todos sus actores, excepto por esta especie de oasis.
La Casa de la Literatura ha trascendido estos objetivos, expresados en sus más de dos millones de visitantes desde su inauguración, la mayoría niños que poco a poco descubren que un libro es una alternativa frente a tanto arte que no lo parece. Así mismo, el espacio literario goza de una dinámica respetable y que la ubica como foco de actividad cultural, como antaño fueran los espacios para las tertulias de nombres prodigiosos, pues se realizan con frecuencia conversatorios, muestras itinerantes, talleres, presentaciones de libros y revistas que avivan a nuestra ciudad en lo que a producción artística respecta. Además, todo esto se desarrolla en la zona más céntrica de la ciudad, donde diversos teatros, museos, plazas, campos feriales de libros como Quilca o Amazonas y demás lugares, podrían aprovecharse como una plataforma cultural que le inserte el dinamismo que Lima necesita para retornar al primer plano del arte y la cultura que admira el mundo Si la ciudad crece en infraestructura, se moderniza en transporte y se reordena, por qué no aprovechar el centro de la ciudad para ese fin.
Luego de vigilias, vídeos que circularon en la web, llamamientos para movilizaciones y plantones para defender la casa de Desamparados, el Premier, fiel al estilo favorito de los políticos, desmintió que su despacho haya pedido su traslado junto a Palacio de Gobierno, e incluso, como para que el tema se torne a su favor, anunció un mayor impulso a las actividades que allí se realizan.
Con lo vivido en estos días, y que ahora nos permite a los amantes de la literatura respirar tranquilos al tener la seguridad que podremos visitar nuevamente la Casa, ha quedado demostrado que en nuestra sociedad la promoción del arte y la cultura no está valorada en ningún sentido y que el gobierno, triste costumbre peruana, solo reacciona frente a la movilización de la gente. Estas declaraciones finales no deben quitarnos el sinsabor de ver cómo la literatura proyectada hacia la mayoría es prescindible para nuestras autoridades, pues al parecer no aportan al desarrollo del país, ni figuran en las cifras que nos encantan: las del crecimiento económico.
Pero un espacio como este, donde se fomenta la imaginación, la crítica, el diálogo, el conocimiento y nos encontramos con manifestaciones escritas que reúnen a nuestras culturas plasmadas en papel de la mano de grandes escritores, no puede ser considerado de menor valor para el gobierno. Se esperó a que la población, poema en mano de Vallejo, Adán o Eguren, se ubique frente la estación que defienden para que se modifique la versión. Así se manejan, al parecer, los temas culturales en el gabinete presidido por quien prometió apostar por el diálogo para administrar el país.
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