Golpe a la monotonía: perdió el mejor equipo del mundo (y el más aburrido)

En el fútbol, el éxito te lo garantiza la eficiencia. Si llegas al arco rival muchas veces y sólo concretas pocas, no eres eficiente. Un equipo vertical puede vencer cualquier muralla defensiva, pues dada la rapidez con la que transita de un área a la otra, logra encontrar espacios que no están disponibles cuando el transito se vuelve pausado y horizontal. Tal vez la verticalidad sea una de las mayores virtudes de un equipo al momento del ataque, siempre y cuando la aplique con precisión y concrete. Ojo: verticalidad NO es igual a lanzar pelotazos, ni necesariamente pases detrás de la última línea.
Hay dos formas de plantear un partido, que regularmente definen la característica de un equipo, y además, se acoplan a las circunstancias. Un entrenador puede pretender atacar o contraatacar –no  me imagino uno que disponga renunciar por completo al ataque y jugar siempre para atrás–. Por ejemplo, Roberto Di Mateo o Neil Lennon, entrenadores del Chelsea y Celtic respectivamente, pueden organizar a sus escuadras con la consigna de ganar, a partir de salir a atacar y proponer frente a equipos como el Reading o el Johstone.
No obstante, ellos mismos pueden pretender contraatacar ante otros rivales de mayor jerarquía, como el Barcelona. Eso no es ‘antifútbol’, es inteligencia en el planteamiento. Es pretender que con una defensa sólida y concretando las pocas oportunidades que seguro vas a tener, puedes lograr los resultado esperados. Como el Chelsea que eliminó al Barca en la edición pasada de la Champions o el Celtic, que venció al equipo catalán marcándole dos goles a partir de sus dos únicos ataques. Contundencia.
La monotonía es aburrida. El Barcelona ofrece siempre lo mismo: gana por el asedio incisivo que agobia a los rivales, a partir de la tenencia del balón, con la que controla el juego siempre cerca del área rival. Pero cuando no lo hace, pierde cómo en Glasglow. Pierde como “prefiere perder” Villanoba, ante un rival que apenas tuvo un 16% de posesión.
El mejor equipo del mundo tiene un mejor jugador. Para ‘El Flaco’ Menotti, el Barcelona es  Iniesta y diez más. Quizás demasiado drástico –teniendo en cuenta que él mejor jugador del planeta, que además es compatriota suyo, juega en el mismo equipo–, pero Andrés Iniesta es el único capaz de romper esa monotonía y ofrecer algo distinto. El mismo Messi, en el Barcelona necesita de Iniesta. Él encuentra siempre el camino gol. Mientras sus compañeros se distraen mirando la pelota que corre de lado a lado al borde del área rival, logra ese pase entre líneas, esa genialidad que nadie espera.
Cito a Moratti –que al igual que yo, no tiene una voz autorizada para hablar del bueno juego-: “El Barca es aburrido”. La posesión (así sea de 70 u 80 porciento, como la que consigue habitualmente), no te garantiza el juego entretenido, mucho menos el triunfo. La victoria te la dan los goles y estos vienen por el ataque, no por la tenencia. Tener la pelota y hacerla ir de lado a lado –junto con los rivales– es un factor que suma, pero no basta. Por eso, jugar sin un 9 de área y sin Iniesta, suele costarle caro al Barcelona que, sin embargo, es el mejor equipo del mundo una temporada más.
Entonces, aquello no es una queja al estilo logrado por el equipo catalán, que le ha dado los resultados que ya sabemos, sino a la monopolización del balón, cuando esta se vuelve inútil, cuando el tránsito de la pelota parece deambular sin dirección clara, sin encontrar un norte. Vale aclarar que ese no es lo mismo a no tener una idea de juego.
No es necesario perder por haber jugado mal, pero algo le falta al Barcelona. Cuando algún día, ojalá luego de ciertos ajustes, logre traducir ese ‘dominio total’ en ‘efectividad total’ –no pido que sea un equipo invencible –, podrá olvidar los lamentos en contra de la “mala suerte”. Verticalidad Villanova, verticalidad.
Anuncios