El secreto de la televisión

Este es un momento en el que exportar está de moda y se muestra rentable para cualquier empresa. Pero como cualquier exportación siempre se debe tener cuidado con los riesgos financieros, legales y comerciales, pues como dice la canción “todo lo que brilla no es oro ni tesoro”, así que siempre hay alguna mala jugada que derrumba todo un proyecto empresarial. Digo esto porque si prendemos la televisión nacional no vamos a encontrar más que programas que tienen ‘sucursales’ en otros países del mundo. Ya empiezan a venir a la mente ‘Esto es Guerra’, ‘El último pasajero’, ‘Combate’, y un largo etcétera. Todos estos son formatos televisivos exportados, prefabricados y embotellados, que entretienen pero no generan un sentido crítico mayor.
La ‘Casa de los Secretos’ es uno de ellos, pero ha resultado ser un completo fiasco. De secretos ha tenido poco, pues con una conductora nada carismática, era de esperar que el público no se enganche con el programa. Aún así al peruano le encante escudriñar la vida del de al lado, ver qué cosas tiene y qué no, cuáles son sus falencias y si son varias, muchísimo mejor, da curiosidad el bajo rating que acumuló este reality desde su lanzamiento al aire. Nunca superó los 12 puntos.
La fórmula es conocidísima: un grupo de jóvenes desconocidos se internan en una casa con todas las comodidades a convivir. Solo a eso. Una que otra vez hay concursos, juegos, pero más que nada es a establecer relaciones interpersonales con gente que nunca antes habían visto en su vida. La otra variable es que están incomunicados, no hay Internet, ni teléfonos, ni noticias, absolutamente nada. Y el otro asunto fiel al voyeurismo: siempre, en todo momento, están siendo grabados.
Si han visto “Big Brother”, es prácticamente lo mismo. O si recuerdan por allá por el 2003 “La Casa de Gisela”, es igual. La única diferencia es que estos programas sí tuvieron éxito dentro de una sociedad que no encuentra todavía el significado de ‘privacidad’ y piensan que es relativo, que le encuentran diversión y sentido a ver una acción cotidiana, de personas comunes y corrientes, pero que por el simple hecho de aparecer en televisión ya se les agrega un valor de interés público.
Es cierto que la televisión se ha hecho para entretener, pero el programa en sí no tenía nada de entretenido, más que unas peleas tontas, una que otra calentura, y sobretodo el mal manejo ante cámaras de Carla García y Jason Day, aunque este último se defendió un poco mejor, y no solo por tener buena presencia. La química entre ellos era nula, la química con el público, también, a excepción de los gritos de muchachas encantadas cada vez que Jason salía por la pantalla, pero más allá de eso, no había nada. Dejaba un sin sabor al final, y un poco de vergüenza ajena por sentir que iban a equivocarse en mencionar algún nombre o alguna situación.
Teniendo como evidencia a Gisela y su programa en el 2003, podría decir que queda más que claro que no fue el embotellamiento de la fórmula reality lo que llevó a “La Casa de los Secretos” al fracaso, sino la poca experiencia, y manejo ante cámaras de estos dos conductores. Pero han pasado casi 10 años desde el apogeo de este tipo de televisión, y bien dicen que figurita repetida no completa el álbum, por más tentadora que sea. Y eso fue lo que sucedió con LCDLS, una mala combinación que tuvo que ser pagada con grandes pérdidas y bajo rating, obligando a la producción a terminarla dentro de una semana. Solo estuvo dos meses al aire.
La gente se jacta de que Perú es creativo, que se las ingenian, que tienen harta imaginación, y puede ser cierto. Pero en el ámbito de la televisión parece ser pura teoría y poco de práctica. Los formatos televisivos hablan por sí solos, y la acogida del público más aún. Están esperando que lanzen algo novedoso, pero de verdad. Algo nuestro, algo que genere identidad y que enganche al espectador. Pero como se van moviendo las industrias, parece que van a tener que seguir esperando sentados, y chequeando programas con 4 puntos de rating.
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