Obama y América Latina

  • América Latina ha perdido importancia en la agenda estadounidense dada la situación económica y las tensiones en Medio Oriente.
  • Hay un creciente liderazgo de Brasil como potencia sudamericana, el cual apuesta por una integración regional que haga a América Latina un bloque económico y político sólido.
  • Habiendo ganado Obama por el voto latino, debe afianzar dicho vínculo tanto a nivel interno como en su relación con los países de los cuales proceden sus votantes; es decir, darle más prioridad a la cuestión latinoamericana.
Un artículo de Henry Ayala
Una de las elecciones más reñidas de los últimos años llegó a su fin con la victoria de Barack Obama sobre Mitt Romney en las presidenciales de Estados Unidos. El voto latino al final fue decisivo para el candidato demócrata. Sin embargo, ¿cuán importante es en la agenda del gobierno estadounidense América Latina? Con una reforma migratoria estancada y el “patio trasero” dejado de lado, el reelecto presidente deberá tener en cuenta la situación latinoamericana tanto para su política doméstica como en su papel como potencia hegemónica dentro del sistema internacional.
Si bien durante la Guerra Fría Estados Unidos buscó influir de sobremanera en los asuntos internos de los países latinoamericanos con el fin de frenar el avance del bloque soviético, en los últimos años su interés por la región se ha visto reducido en temas de apoyo financiero o visitas a la región. Esto es debido al resurgimiento de las tensiones en el siempre complicado Medio Oriente (donde EEUU cumple el papel de “sheriff”) y al mal momento económico que viene pasando la casa del Tío Sam.
 La gran omisión de América Latina durante la reciente campaña presidencial ha sido notable. La única referencia a la región la hizo Romney, quién la presentó como “una gran oportunidad” claramente refiriéndose a una mayor liberalización de los mercados americanos. Sin embargo, esta influencia económica hacia la región cada vez más se pone en tela de juicio dado el creciente liderazgo de Brasil como potencia sudamericana, el cual apuesta por una integración regional que haga a América Latina un bloque económico y político sólido ante el sistema internacional. De este modo, la estabilidad de la UNASUR y la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) sin Estados Unidos representan la búsqueda de autonomía hacia dicho país. Además, tomando como ejemplo a Perú, poco a poco los países de este bloque están logrando tratados comerciales fuera de la órbita estadounidense como la Unión Europea o China.
Si hablamos de América Latina es imposible saltarse la posición norteamericana con respecto al reelecto Chávez y a los gobiernos de izquierda críticos a Estados Unidos que han ganado terreno dentro de América Latina. Es aquí donde Brasil viene a ser útil para los intereses de la Casa Blanca, dado que el gobierno de centro-izquierda de Dilma Rousseff sirve de puente entre países políticamente moderados como Uruguay, Colombia o Perú  y como contrapeso dialogante hacia el eje chavista dentro de Venezuela, Ecuador y Bolivia.
Sin duda, el narcotráfico y los conflictos que desata ha sido vital en la agenda latinoamericana, por lo cual México o Colombia dependen mucho de la ayuda estadounidense para sus políticas contra las redes de droga y los carteles. Políticas que no han remediado el problema de fondo. No obstante, los procesos de paz colombianos y la concentración de la violencia en México más que en el lado norte del muro fronterizo con EEUU generan cierto relajo en la prioridad de dichos temas dentro de la agenda estadounidense. Cabe resaltar la otra cara de la moneda, donde algunos estados americanos junto con Uruguay han despenalizado el consumo de marihuana, proveyendo de soluciones alternativas al narcotráfico.
Así, nos damos cuenta que la menor preocupación de la política exterior estadounidense en América Latina tiene sus raíces no en que los problemas de la región han aminorado, si no que dejan de afectar tanto como los problemas internos del país o como las tensiones en otras regiones como Medio Oriente o Asia.
El problema con ello radica en que habiendo ganado Obama por el voto latino debe afianzar dicho vínculo tanto a nivel interno (Dream Act, reforma migratoria) como en su relación con los países de los cuales proceden sus votantes; es decir, darle más prioridad a la cuestión latinoamericana. Los migrantes latinos, después de todo, se proyectan a ser el sector decisivo en política americana.
Bonus track
  • The President and the World: Reporte especial de Foreign Policy sobre los temas que enfrentará Obama en la reelección.
  • Blue Planet: Encuesta mundial sobre a quién se apoya en las elecciones de EEUU.