Lucho Cáceres: el abogado de los mil papeles

A LUCHO CÁCERES, ACTOR PERUANO

Una entrevista de Daniel Morales
Lucho Cáceres es un actor multifacético. Además de trabajar en teatro, ha trabajado en cine y televisión, manejando distintos personajes en las tres plataformas. Desde el recordado ‘Kikin’ de Mil Oficios, pasando por ‘El Cobra’ en La Gran Sangre, hasta ‘Toño’ en la reciente pelicula Cielo oscuro. Actualmente realiza la obra ‘Caperucita’, donde interpreta, como no podia ser de otra manera,  un enigmatico hombre que representa al lobo feroz. Lucho “no se ve haciendo otra cosa” que no sea actuar. Una pasión que le ha dado todo lo que tiene, y a la cual llegó luego de estudiar derecho.
¿De qué va La Caperucita?
Es una obra de un dramaturgo que, según tengo entendido, hoy es el mejor dramaturgo en Argentina, Javier Dolte. La Caperucita es una versión moderna y daptada, del cuento que todos conocemos, contada a través de tres mujeres: abuela, madre e hija. Las madres solteras viven en un hogar disfuncional y aparece un hombre que llega a interrumpir estas vidas, que en este caso representa al lobo, que soy yo. Soy Víctor, un mentalista obsesionado por el amor de Silvia, que es la figura de Caperucita. Es una versión media psico-triller. Víctor es una especie de psicópata, asesino en serie, pero eso se devela a través de la obra, no de frente. Todos los que vayan a ver la obra van a ver a Caperucita, es decir, al cuento, pero contado de una manera diferente.
¿Te costó ser el único hombre en la obra?
No, pero si fue un poco complicado porque las mujeres son complicadas. Yo lo tomo por el lado divertido: sus peleas, sus roses, sus recelos y rencillas. Pero al final todo fue bien, creo ser bastante empático con el género, sobre todo con las actrices mayores.
Además, ya conocías a las demás actrices de la obra…
Sí, había trabajado con Sofía Humala, Mónica Domínguez, Attilia Boschetti. Tenía buena relación con ellas y en realidad ha sido fácil y divertido.
Estuviste antes en Cielo Oscuro, ¿qué tal la experiencia?
Buena, era primera vez que hacía cine. La película la hicimos hace cuatro años y de ahí he hecho dos más. Ahorita estamos postulando a los Goya, vamos a ver que pasa.
Decías en una entrevista de que ‘Toño’ (personaje en Cielo Oscuro) era muy diferente a ti, por lo que te había costado el papel.
Todos los personajes en algunas cosas son parecidos y en otras, diferentes. El era como todos. De hecho, los celos obsesivos, su soledad, su monotonía, su cotidianidad en algunos casos era diferente, pero creo que se hizo un buen trabajo.
También estuviste en la película Sueños de Gloria y algo con Giovanni Ciccia.
Sueños de Gloria es sobre la marinera de Alex Hidalgo. Hemos grabado una especie de trailer, pero no he vuelto a saber nada. Con Giovanni hice El Evangelio de la Carne, una película de Eduardo Mendoza en la que somos una pareja de policías. Es una serie de historias, pero la de la pareja es la central. Es parecida a Amores perros y espero poder verla el próximo año.
¿Estás trabajando en un guion?
Sí, con Joel, el director de Cielo Oscuro. Es de una película y vamos a ver que pasa, porque hacer cine es complicado.
¿Es a lo que quieres dedicarte?
No, prefiero dedicarme a la actuación.

Inicios e introducción en la actuación

Tú eres abogado, ¿en qué momento un abogado se convierte en actor?
Curiosamente hay varios abogados que actúan, por ejemplo, Salvador del Solar, Gustavo Bueno, Lucho Peirano. Algunos no terminaron, yo sí, saqué mi título y todo. Tiene algo que ver con la búsqueda de la verdad o convencer a la persona. Por otro lado, el gremio de abogados es el que más profesionales tiene dedicándose a otra cosa. Parece que a los que nos gustan las letras y las artes no sabemos que profesión seguir cuando terminamos el colegio y la actuación no está muy bien vista por algunos; por eso me fui para Derecho. También influyó mi padre, yo era su hijo único y en esa época, en el 85, la carrera de Comunicaciones era una carrera nueva, no se le veía mucho futuro, parecía un poco ocioso estudiarlo, la gente era más empírica, más práctica.
O sea, entraste a Comunicaciones.
Entré a Comunicaciones a la de Lima, pero en generales me pasé a Derecho. Yo soy del Champagnat y de mi salón entramos como 25. A los 17 años, con todo lo que te he contado, veía en mi facultad a 25 patas de mi colegio. Era: “vamos a continuar el colegio allá”. Me cambié y no me arrepiento. Ejercí un poco y a los 27 años se me presentó una oportunidad con Tito Salas de hacer teatro. Me presenté al casting y conseguí el papel principal de una obra. Ahí empezó. Renuncié al estudio y me quedé.
¿Tenías pensado desde más chico entrar a la actuación?
Desde los 12 o 13 años ya quería ser actor. Actuaba y dirigía obras en el colegio, pero tenía mis dudas si uno se podía dedicar a eso en un medio como el nuestro donde no hay una industria. Ahora  creo que me equivoqué o las cosas cambiaron, porque ya hace 18 años vivo única y exclusivamente de la actuación.
¿Te costó decidir dedicarte a la actuación o fue algo que no pensaste mucho en el momento?
Cuando se me presentó no me costó nada. Estaba muy frustrado de hacer algo que no me llenaba al cien por ciento, que era el Derecho. Es una carrera de puta madre y hermosa, pero no era lo mío.
¿Qué opinas de la difusión que tiene el círculo del arte actualmente? ¿Crees que está mal manejado?
La vez pasada leía una entrevista de un director muy famoso que decía: “yo creo que para dedicarse a la actuación, antes hay que tener una profesión”. Eso es un poco contrario a lo que te estoy diciendo, pero parecido a lo que me pasó a mi. No creo que necesariamente tenga que ser así. El éxito en la vida radica en hacer lo que te guste y dentro de ello dependerá de ti generarte la calidad de vida de acuerdo a lo que desees. Es como los chiquillos que dicen “puta imagínate ser futbolista, puta que chévere que te paguen por jugar pelota”. En la actuación es algo parecido, pero esta más elaborado, más psicológico. Hacer lo que te gusta y vivir de eso, eso es el éxito.
Hace 20 o 30 años no era igual a que hoy que un chico le diga a su papá “quiero estudiar actuación”.
Para nada, en el 85 no era lo mismo. Cada vez tengo más amigos que me llaman y me preguntan porque sus hijos quieren ser actores. Personalmente, yo que siempre he sido medio niño viejo, creo que a los 16 o 17 años uno no sabe que mierda quiere ser en la vida. Eres muy joven y te equivocas fácilmente. Quieres ser policía, actor, cantante y después te das cuenta que esa huevada no da, no te vacila como pensabas. Es para tomarlo con calma, recibir una adecuada orientación profesional y reconocer tus talentos, que a esa edad, al menos que seas un prodigio, no se ven.
Cuando un chico sale del colegio y dice que quiere dedicarse al cine o al teatro, no es lo mismo que diga que quiere estudiar alguna carrera un poco más convencional, ¿no?
Cualquier generalidad es una arbitrariedad, no todos los viejos son así.  Además, los padres quieren lo mejor para sus hijos, no lo hacen por joderlos. Dicen “puta madre de actor, este huevón va a sufrir como mierda, va a patear latas”. De hecho que los tiempos han cambiado, hace 25 años querías ser chef y estúpidamente pensaban que eras maricón. Ahora te dicen “¡wow, estudia!” “Dale, por ahí yo también entro al negocio y te pongo un restaurante”.
Quizás porque tu rendimiento o desempeño dependen de ti, pero no el trabajo que de den.
Tal como lo has dicho. Una vez leí una entrevista a Eduardo Chesti, uno de los mejores actores que conozco, y decía: “no sé bien si soy actor o artista. Porque si fuera actor no tendría que esperar que me llamen, que me ofrezcan un guion, un personaje. Yo solo crearía mis cosas, haría monólogos, stand up comedy, me montaría una obra”. Yo también tengo esa duda, porque me cuesta mucho emprender cosas solo. Soy bien obrero, si el personaje me interesa, arreglo y trabajo, pero todavía no saco nada mío. No voy a pasar por esto sin hacerlo.

Carrera de actor y preferencias

¿Mil Oficios te introdujo por fin a la actuación?
Hasta antes de eso la carrera tenía un saborcito a cachuelo, todavía me sacaban alguna nota diciendo “el ex modelo de Gisela”. Nunca ponían Lucho Cáceres, el actor. Luego de Mil Oficios cambió todo y no he dejado de trabajar.
Un papel que te marcó fue el de ‘Kikin’.
Si, lo recuerdo con muchísimo cariño porque gracias a eso pude hacer otras cosas. Tenía 29 años, estaba mucho más joven y no busque mucha profundidad, simplemente hice a ese pata de barrio.
¿Así era el personaje o entró algo de Lucho Cáceres?
Sí, fue algo que le puse. ‘Kikín’ fue bastante querido y todos lo recuerdan, porque el bacán tiene que ser perdedor, tiene que ser un huevon, eso es lo que da risa, que las cosas le salen mal. Claro, se agarraba sus hembrasas, sus culasos, pero también la cagaba. ¿Quién mierda se hace llamar “el gallo del gallinero”? Tiene que ser un idiota.
Luego de tantos años y regresando a lo que decías de Toño, ¿cuál fue el papel que menos te costó o en el que te sentiste más cómodo?
No hay uno que me haya resultado fácil hacer. Cuando agarras el personaje se convierte en algo tuyo y nadie va a imaginar a otro haciendo a ‘Toño’, o a ‘Kikin’ o al ‘Tunche’ o al ‘Gringo’ Johnson o a quien sea. El personaje es tuyo. ¿Que me haya sido más fácil?. No he tenido. Cuando me han tocado personajes muy “fáciles”, trato de hacer otra cosa. Me ha tocado en algún momento hacer de una loca y decidí hacer una mujer, no una loca; es decir, era un cabro, pero era hembra y era señora. Tanto que ya no quería saber nada con pingas, porque ya no le interesaban los hombres. Así, cuando tengo un personaje trato de darle otra profundidad.
Trabajaste también en Estados Unidos, ¿qué tal la experiencia?
Estuve conduciendo un programa con Christian Isla y de ahí trabajé en El Cartel de los Sapos. Luego hice un antagónico para una serie llamada “rpm”, que era una especie de Rápidos y Furiosos Latino. Ahí mi papel era de un hijo de puta que quería retirarse. Era un tipo que ya estaba arto de haber hecho lo que había hecho y quería regresar a su país, al Perú. Eso se lo puse yo, hablé con el director y aceptó. Era una especie de Carlito’s Way. Carlito Brigante es un delincuente, un hijo de puta, pero es entrañable. Al personaje lo llevé por ahí.
¿Qué  te deja la diferencia entre trabajar allá y acá?
Es diferente, pero no sé si para bien o para mal. Si me dices para hacer una película en España o en Hollywood, me voy corriendo, pero no sé si quisiera vivir allá. Finalmente, te da cierta seguridad y confianza haber trabajado afuera, pero también te la da haber seguido un taller con Ísola o con Roberto Ángeles. Ahí descubres una de las maravillas de esta carrera: cuando eres actor puedes trabajar en cualquier parte si pasas el obstáculo del idioma. Si no hay trabajo acá, te vas a Guayaquil, a La Paz, a Santiago, a Bogotá y sigues chambeando.
¿El papel de antagonista te viene bien?
La gente se acuerda más de los malos, pero tienes un grave riesgo de que se te encasille. Hitchcock decía: “cuanto mejor es el malo, mejor es la película”. Los papeles de los buenos para mí son para cojudos. ¿Viste la Tyson? Jason Day, ¿qué gracia tiene? Quizás otro actor quiera hacer ese personaje y le guste, pero son aburridos y no tienen matices: son buenos y son buenos en todo. El ser humano no es así, estamos llenos de defectos y tenemos bajas pasiones.
Estas en teatro, has estado en cine, has estado bastante tiempo haciendo televisión. ¿Cómo es trabajar en los tres lugares? ¿Cuál prefieres y en qué cambian?
Me jode que subestimen a la tele. Ayer fue una señora a ver la obra y al final, cuando estaba con el director, se me acercó y me dijo: “Pucha en que buen actor te has convertido, que bestia. Recién te veo tan bien”. Un poco más y me dice: “oye todo lo que has hecho antes ha sido una mierda”. La gente ve a todos tus trabajos en la tele como una mierda, está muy ensuciada. Si embargo, es la que me hace vivir como quiero, me paga las cuentas. El teatro me oxigena, me hace sentir vivo, me hace sentir a la gente, el aplauso. Y el cine es otra cosa, es una pasión. En Miami me preguntaban: “ah tu eres actor ¿De televisión, teatro o de cine?”. No sé si hayan actores que se consideren a ellos mismos de teatro, de cine o de tele. Pueden preferir alguno de esos, pero si te desarrollas y te preparas, puedes trabajar en cualquiera de los tres lados.
No podría elegir entre los tres. Es como tener tres hembras y no saber con cual quedarte. “Con esta la paso de la concha su madre en mi casa, me gusta abrazarla, cocina riquísimo, converso mucho con ella; la otra me cacha de la puta madre y con la otra me juergueo y baila y chupa conmigo y le gusta el fútbol”. ¿Con cual me quedo? Si me quedo haciendo teatro, no voy a poder vivir de eso; haciendo Cine, me va a pasar lo mismo, en Perú no hay industria; finalmente, si me quedo haciendo televisión me voy a aburrir, porque las oportunidades de que se presenten historias diferentes son pocas. Casi siempre voy a tener que estar atrás de una cojuda rogándole para que esté conmigo, yo soy el pobre y ella es la rica, y el amor es el eje central.
¿Por qué la televisión es la más jodida?
Es un medio complicado. Al ser popular, se busca lo masivo y lo fácil. Entonces, te bota mierda. Es más de lo mismo y es difícil que la gente que maneja este medio quiera hacer cosas de otro nivel. Existen, llegan a filtrarse pero se quedan, por ejemplo, La Gran Sangre fue una buena propuesta y Clave 1 también. Ahorita está el Wachiman ¿Qué es? Un wachiman que se enamora de una flaquita pituca.

Lucho fuera de las luces

Lucho Cáceres ¿cómo se define?
No sé qué decirte, tendrías que conocerme. Soy una persona imperfecta, me estoy volviendo medio maniático con los años, a veces reniego por las huevas. Paso mucho tiempo en mi casa, en mi computadora, viendo películas, paseando con mi perro. Me he vuelto más diurno que nocturno.
Volviendo a los papeles, ¿eres más ‘Toño’ o más ‘Kikin’?
Mas ‘Toño’. ‘Kikin’ fue muy alucinante, porque todo el mundo me decía “eres igualito, tú eres así”. No sé, ¿Tú me ves como ‘Kikin’?
Honestamente, al inicio me quedó esa impresión, pero luego, mientras conversamos, eres mucho más pausado que él.
Puedo tener cosas, pero no hablo tantas huevadas. Kikín hablaba en otro idioma, lleno de jergas, era más patán. Tal vez era yo, pero llevado a un extremo. De hecho, todos los personajes tienen algo de mí.
¿La actuación te ayudo a descubrirte?
Sí, hay bastante de psicología en nuestra carrera al conocer al personaje y ver cómo lo enfrentas.
Dentro la carrera, ¿qué es lo que más te costó?
Mantenerme en ella, sobre todo antes de Mil Oficios. La inestabilidad en algún momento casi me expulsa, ahora ya no. Se abrieron puertas como Miami y me volvería a ir, me movería como una culebra por todos lados. ¿Qué haría? No me veo haciendo otra cosa.
¿Qué esperas de la actuación? ¿Qué es lo que quieres?
Que siga habiendo personajes. Seguir reinventándome, no aburrirme, no cansarme. Por eso es un poco Teatro-Cine-Tele. A todo el mundo le pasa con sus carreras se aburren por la monotonía, moverme en los tres códigos me permite reinventarme, continuar.
¿Te  ves actuando hasta que ya no puedas más?
Si. Creo que es otra de las ventajas de esta carrera: te mantiene activo. No te jubilan, al contrario, ganas experiencia. Elide tiene 90 años y acaba de hacer dos películas.
¿Qué es lo mejor que te deja la actuación?
Vivir de lo que te gusta. Si cada ser humano hiciera lo que le gusta, no tendría deficiencias ni un gasfitero, ni un cajero en un banco. La gente mediocre no está conforme con lo que realiza. He tenido problemas en mi vida sentimental, porque siempre he priorizado mi carrera, pero es porque la actuación es lo que me mantiene vivo, lo que me hace seguir adelante.
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