Cuando los estúpidos están al mando

Lo ocurrido esta semana en La Parada no merece la vendetta de siempre entre la izquierda y la derecha. Aquello sobrepasó los límites de la “ineficiencia de la izquierda/caviarada” o de la “mafia de la DBA que se cierne detrás de la revocatoria”, entre otros argumentos nacidos del discurso aprehendido irracionalmente por la mayoría de actores políticos y sus seguidores para este tipo de casos. No, lo que pasó en el ex mercado mayorista de Lima tiene que hacernos entender, de una buena vez, una sola cosa: ya no podemos seguir estando gobernados por estúpidos. Ya no, por Dios.
Como dice un profesor de mi universidad, primero tomemos un poco de ‘ubicatex’. Nadie parece recordar que el mercado de Santa Anita, al que hoy quieren trasladar a los comerciantes de La Parada, estaba tomado hace solo 5 años por más de 3000 personas que, no teniendo donde más irse a vivir, se habían atrincherado adentro. Dispuestos a usar a sus hijos como escudos frente al ataque policial, los informales habían advertido que cualquier intento de desalojo sería un baño de sangre. Sin embargo, como la decisión estaba tomada, el 28 de mayo de 2007 un contingente de policías ingresó sin disparar una sola bala y recuperó las instalaciones sin muertos que lamentar ni heridos de consideración. Lo que podría calificarse como un operativo ‘limpio’ se logró por una única razón: planificación.
A la infiltración de agentes de inteligencia y la campaña psicosocial de desmoralización se sumó la idea de duplicar las fuerzas del enemigo: 7000 policías participaron en el desalojo, 2000 de ellos vistiendo los famosos uniformes ‘de robocop’ que tanto se extrañaron esta semana. Nadie pelea una batalla perdida si tiene la opción de salir ileso de ella; la superioridad de las fuerzas del orden hizo que los comerciantes se rindieran al instante. No se disparó, pero se estuvo preparado para hacerlo. Las brigadas femeninas se encargaron de rescatar a los pequeños, mientras que los miembros de los escuadrones de desactivación de explosivos juntaban por centenares las granadas caceras, bombas molotov, barriles de pólvora, junto a los palos y machetes que los comerciantes habían planeado usar para defender su bastión ilegalmente tomado. Ese día se culminó un proyecto en el que durante meses el Ministerio del Interior y el Director General de la PNP, Octavio Salazar, decidieron hacer las cosas bien. Lmentablemente, como estamos gobernados por estúpidos, ejemplos como este de que el costo social no es necesario son la excepción a la regla.
Cualquier persona con un gramo de criterio sabe que gran parte de La Victoria no es precisamente una amable zona residencial. La Parada es un paraíso de la delincuencia y, como si eso no fuera más que obvio, los mismos comerciantes habían advertido que la colocación de bloques de cemento para bloquear el acceso de camiones sería “peor que Conga”. Entonces, ¿qué chucha fue lo que pasó el jueves? Ver a una policía totalmente superada, derrotada, masacrada, es algo que a cualquiera le hace sentirse desamparado en esta selva de cemento que, de por sí, es nuestra capital. Sin embargo, lo de hace 3 días fue simplemente para indignarse.
¿Por qué carajo mandaron a solo 1500 pobres tipos desarmados (de todo tipo de armas) y en caballos? ¿Qué podían hacer con escudos y varas más que mirar impotentes a los delincuentes que tenían el control de la situación? ¿No pudieron hacer un mínimo trabajo de recopilación de información para enterarse que habían contratado a las hordas de hijos de puta que todos hemos visto? Maldita sea, ¡tenía que pasar lo del jueves para que recién se pusieran los pantalones el sábado, cuando al menos sacaron los ‘pinochitos’!
No puede ser que un ejército de matones, miserables delincuentes, agarre a patadas a un pobre tipo al que pusieron por culpa de los errores de gente que no sabe cómo hacer las cosas y que, encima, no tiene la entereza para reconocer su falta de criterio y delegarle la responsabilidad de este tipo de problemas a alguien que sí sepa abordarlos. Y no me vengan a decir que porque dos días después la cosa salió bien, lo del jueves pasa a la historia. No señor. Ahí hay un responsable y se llama Wilfredo Pedraza, solo que la ceguera política que empecé criticando le está salvando el pellejo, desviando el foco mediático a la alcaldesa.
Así que, si la definición de estúpido es “necio, torpe, falto de inteligencia”, entonces el ministro Pedraza es un estúpido a cabalidad. Él y el resto de cabezas responsables del operativo de la puesta de bloques. Es la misma estupidez de la que hizo gala Alan García cuando, con su inútil prepotencia, mandó poner orden en Bagua sea como sea. Así que acá no hay color político, solo idiotas en cantidades industriales. ¿Es que no aprenden?
Lo que sí es verdad es que, aunque Susana Villarán no sea de mi agrado políticamente hablando, como alcaldesa solo le toca pedir el desalojo, mientras que todos los detalles técnicos y de operación –que fueron todos los que fallaron el jueves–, están a cargo del Ministerio del Interior y la Dirección General de la PNP. Así de simple. Me sigue pareciendo recontra posera la tía, pero si bien Andrade y Castañeda sí se metieron con el reordenamiento de algunas zonas tomadas por los comerciantes informales (Polvos Azules, el propio Santa Anita, etc.), Villarán es la única que está teniendo los huevos para enfrentarse a los transportistas y ahora al caos de La Parada. Eso sí, no quiero ser inmediatista, pero espero que concrete pronto alguna de esas tantas flores que suelta cada vez que habla. ¿La revocatoria? Debería hacerse porque es un derecho democrático, pero no votaría por el sí, es pura jugada política. Y para vendettas, los sicilianos…
Paolo Benza
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