¿Y ahora quién tiene la culpa?

Una reseña de Daniel Morales

Perú cayo en Asunción de la peor manera: jugando mal. (foto: Reuters)

A los peruanos nos encanta buscar culpables y el fútbol se presta para nuestra afición. En ningún pensamiento del hincha rondaba si quiera la posibilidad del empate. Perú salía a ganar y tenía como. Luego de la buena actuación del equipo en la Paz, todos devolvieron su confianza a Markarian, esa que habían perdido cuando decidió hacer dos nóminas, jugando a la expectativa con lo que parecía un equipo “nuevo”. El plan resultó y todo era ilusión otra vez, empezábamos una segunda rueda con las posibilidades intactas, y con un nivel de juego bastante competitivo.
Teníamos en frente al colero de la tabla, un Paraguay golpeado y desfigurado, que sin duda vivía su peor momento en los últimos tiempos. Además, sin varios referentes, como Santa Cruz o Cardozo, parecía un rival accesible. Perú, con la moral al tope, salía a buscar los tres puntos, quizás demasiado confiado ante un equipo en mala racha como el paraguayo. Con otra formación de la mostrada ante Argentina –donde alcanzó su nivel más alto o algo parecido– incluía está vez a Vargas y Guerrero, quienes completaban ese grupo llamado “fantástico”. Ramírez, la estrella ante argentina, hacia pareja con Cruzado. Los cuatro del fondo eran los mismos y en el arco siempre Fernández. Aquí vienen las primeras preguntas ¿hace bien Markarian en mantener a los cuatro de arriba? ¿No estuvo conforme con el equipo que enfrentó a Argentina?
El partido inició. Perú mostraba las primeras falencias defensivas y algo que marcaría el partido: la imprecisión. Apenas a los 3 minutos Pizarro remata entre piernas rivales y sin dirección,  el arquero logra poner las manos y aleja el peligro. Luego vinieron los apuros, los peruanos que no marcaban y los paraguayos que, sin mucho fútbol, pasaban rápidamente al ataque y en superioridad numérica, rondando el arco de Fernández que sin duda corrió peligro. El ataque de Perú no fue más que un disparo de Vargas que pasó cerca e intentos de contragolpes con suma lentitud. La imprecisión continuaba y los pelotazos eran la única salida. Rodríguez caería lesionado aquejando dolencias musculares, obligando el ingreso de Ramos y quemando el primer cambio para Perú. Apenas Cruzado  intentaba hacer algo distinto, con ese sacrificio que ya es su título personal y Zambrano, que saco cuanto pudo de atrás, con una marca activa que no dejó respirar a los rivales durante la primera mitad. Pasó lo mejor que pudo pasar, terminó el primer tiempo y el marcador no se movió. Perú mostró su peor cara, aquella que parecía olvidada.
Un equipo estático y largo nunca funciona. Perú salía tal cual para el segundo tiempo, mientras que Paraguay sentaba a Haedo Valdez por el ingreso de Caballero, cambió hombre por hombre. El partido parecía seguir su rumbo, Perú no encontraba la pelota y Paraguay, que la tenía sin saber muy bien que hacer con ella, dominaba. Corrían los primeros 7 minutos y tras una falta muy tonta de Advíncula por derecha, la famosa pelota parada nos pasaba factura una vez más. Un centro frontal al área generó desconcierto en la defensa, Aguilar se desmarcó y saltó delante de Fernandez, quien luego de una pésima salida dejó el arco abierto para el gol paraguayo. Con un gol abajo y el nivel paupérrimo, Perú no parecía encontrar salida. Guerrero y Ramírez desconocidos, Farfán intrascendente y Vargas fuera de forma. El ‘margo’ nunca se animó a cerrar la volante con un hombre más, ya sea Lobaton o Mariño, y se jugó por Carrillo y Ruidiaz, quienes no mostraron nada productivo. El partido terminaría tal cual, sin jugadas claras para ninguno de los dos equipos y con un nivel sumamente bajo.
Perú mostró su peor faceta en el peor momento, donde no podía fallar. Cuando parecía que al fin podíamos concretar la ilusión y estar cerca de los cinco primeros, una vez más nos quedamos en “casi”. Y es ahora cuando empiezan las cuestiones: ¿Debimos prescindir de los cuatro de arriba y jugar como ante Argentina? ¿Los cambios no debieron ser así? ¿Markarian fue el único culpable? ¿Los “titulares” no merecen serlo? ¿Los de Cuzco hicieron más merito? Además del incomodo ¿Estamos eliminados? Lo único cierto es que Perú perdió porque jugó mal. Y mereció perder. Con nuestras ilusiones se lavó la cara Paraguay, ese león dormido que hoy decidió sacar las garras, para decir que no está muerto.
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