Una manzana en la tierra de Bolívar

Un artículo de Henry Ayala

Señale lo que quiera, pero un pedazo de todos nosotros pensó por un momento que Capriles se llevaría la mayoría de los votos del pueblo venezolano, cambiando así la historia del país y de América Latina para siempre. No pasó. Chávez ganó y probablemente sin fraude electoral. No obstante, la tierra de Bolívar ya no es el fundo paternalista que alguna vez gobernó por trece años. Con una oposición ahora reunida bajo un rostro legitimado por más del 40% de Venezuela, Chávez se enfrenta a la “manzana envenenada” del liderazgo en un país dividido.
Voto 2.0, campaña -2.0
Venezuela puede ser un país con un autoritarismo competitivo feroz, pero en materia de sistemas electorales posee grandes fortalezas, sobre todo para el control político desde la oposición a la hora del sufragio. Así, a través de máquinas electrónicas, el votante solo necesita su cédula de identidad y su huella digital emite el voto. Éste, además de ser introducido al sistema electrónico, puede demostrarse con el comprobante de votación que la lectora imprime. Estas boletas, por si fuera poco, son depositadas en una caja para ser contadas manualmente según sorteo por mesa. Nada mal en comparación con los conteos nocturnos de la señora Magdalena Chú.
Sin embargo, la falencia del sistema venezolano radica en la falta de equidad en el acceso a recursos públicos dentro de la competencia. No sorprende a nadie la utilización de edificios estatales para colocar afiches oficialistas o el excesivo espacio en los medios de comunicación otorgados al “Comandante”, los cuales dejaban a Capriles como un mínimo anuncio de obituarios. La existencia de programas sociales manejados por el gobierno con alta carga clientelista, combinado con la parcialidad del Consejo Nacional Electoral a la hora de establecer sanciones sobre la propaganda oficial es prueba de que Chávez no necesitó recurrir a votos falsos o fraude electoral: el conteo fue justo. Las elecciones, no.
De retos y manzanas
La semana pasada, en el marco de la Cumbre Aspa 2012, los presidentes de Túnez y Uruguay protagonizaron un conversatorio sobre las lecciones que se podían dar mutuamente ambas regiones sobre democracia.  Fue aquí donde Moncef Marzouki, el mandatario tunecino, pronosticó dificultades en los gobiernos islamistas para aferrarse al poder. Según el presidente, la crisis de alimentos que azota Medio Oriente, la inestabilidad propia de un cambio de régimen y los conflictos étnicos de nunca acabar convierten a la conquista del poder en una “manzana envenenada”, de la cual es poco probable que el islamismo salga ileso como para postular a una re-elección.
Muy aparte de comparar a Hugo Chávez como un “islamista del siglo XXI”, la metáfora puede ser reveladora en el contexto venezolano. La notable inseguridad ciudadana, el debilitamiento de los sistemas proveedores de servicios básicos y la notable corrupción típica de una dictadura traen consigo un desgaste en la base política y su confianza hacia el líder. Además, trece años en el poder pesan y mucho más para un paciente de cáncer sin sucesor a la vista.
Este clamor popular por mejoras en los servicios fue propicio para el candidato opositor. Capriles, a pesar de no haber ganado el “todo o nada” presidencialista, ha calado en casi la mitad de venezolanos como la ferviente y decidida cara de la oposición. La formación de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) marca un hito en la historia venezolana por establecer un espacio de fuerzas políticas consensuadas en torno a un solo candidato. El reto ahora está en consolidarse como una oposición fuerte y, sobretodo, democrática e inclusiva. Además, la mira apunta hacia las elecciones regionales de diciembre próximo, donde el desafío será demostrar que realmente son una coalición opositora y no solo un sancochado en torno al que tenga más probabilidad de ser elegido.
Pero no solo para la oposición hay retos. Una vez dentro del Palacio de Miraflores —de nuevo—, el Comandante deberá encarar de frente la situación venezolana con reformas que mejoren la eficiencia de los servicios. Ahora el presidente encara nuevos tiempos en donde hay menos miedo a declararse en contra del régimen y el descontento se hace sentir en las urnas. ¿Seguirá Chávez con su posición megalómana luego de haber ganado tantas elecciones, o tomará conciencia de los retos que le deparan en los próximos 6 años?
A veces, el proceso político detrás de una elección es más importante que la elección misma.
Bonus track
  • Resumen ejecutivo de observadores internacionales de IDEA en Venezuela aquí
  • Un niño llora al enterarse de la derrota de Capriles:
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