El ‘comanche’ y el ‘majunche’: 6 años más para Chávez

Tibisay Lucena viste una blusa muy blanca, quizás más que el fondo sobre el cual se muestra el acrónimo referente a la organización que preside: el Consejo Nacional Electoral venezolano (CNE). Son poco más de las 10 de la noche en Caracas y la escena reboza del color que representa la paz y la transparencia. La rectora del CNE peina una cabellera escasa a causa del cáncer con el que viene batallando y, subida en la tarima de ‘la gran carpa’, su voz suena exhausta pero orgullosa.
“Hemos alcanzado una de las más altas participaciones de las últimas décadas. Por ello, queremos felicitar a todos los electores que salieron a votar”, proclama en tono neutro, pero cuando dice la cifra no puede evitar la sonrisa: 80,94%. El auditorio le regala sus aplausos, en Venezuela el sufragio no es obligatorio desde 1999 y aquel número excede todos los precedentes históricos inmediatos.
A pesar de que se había prohibido cualquier anuncio de resultados antes de que fueran definitivos, las filtraciones de las ‘boca de urna’ habían llevado la tensión al tope entre quienes, desde Venezuela y todo el mundo, seguían el proceso por las redes sociales. Los sondeos habían reflejado lo que se vivió durante toda la campaña electoral: las encuestadoras nunca coincidieron.
De acuerdo al Huffington Post, por ejemplo, el Instituto ICS reafirmaba a Chávez en la presidencia con 54%, mientras que según Caracol de Colombia, Varianza veía en Capriles al nuevo inquilino del Palacio de Miraflores con 51%. El propio presidente de Ecuador, Rafael Correa, había tuiteado entre risas que conocía los resultados, pero que no se pronunciaría hasta que fueran emitidos oficialmente, alcanzando a revelar parte del anuncio que Tibisay Lucena haría a continuación.
Con el 90% de votos escrutados y una tendencia irreversible, “a saber –dice, con el canturreo característico venezolano–, el candidato Hugo Rafael Chávez Frías con el 54.42% de los votos” es reelecto presidente y completará, el 2019, veinte años en el poder. Un cielo cubierto de fuegos artificiales reemplaza las imágenes de la mayoría de televisoras internacionales, connotando la algarabía por el triunfo chavista. Sin embargo, desde que comenzó su régimen, hace 13 años, esta es la elección en la que el comandante estuvo más cerca de ser derrotado y, al parecer, estaba consciente de ello: no en vano sacó los tanques a la calle.

Del ejército al palacio presidencial: Chávez Candanga

Foto: avn.info.ve

Hijo de dos maestros de primaria y de origen humilde, Hugo Chávez egresó de la Academia Militar de Venezuela el 5 de julio de 1975 con el grado de subteniente y siete años más tarde fundó el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR200).
Sus aspiraciones políticas tuvieron un primer momento cumbre tras el frustrado golpe de estado que llevó a cabo en 1992 al entonces presidente –y hoy figura recurrente en sus discursos anti capitalistas– Carlos Andrés Pérez. Luego de sofocado el levantamiento, se conminó a su líder a anunciar el fracaso por televisión, ante lo cual Chávez proclamó un desafío: “lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logramos”, sin embargo, “el país tiene que enrumbarse hacia un destino mejor”.
Ese es el hombre que dirige los destinos del país que posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo: un provocador. Por eso, el hoy comandante se presenta a sí mismo en las redes sociales bajo el seudónimo ‘candanga’, que quiere decir candela o, en forma adjetiva, inquieto, endiablado. Si no, pregúnteselo a Bush, a quien bautizó como ‘mister danger’.
Tras llegar al poder en 1999 con una propuesta que llamó bolivariana pero no socialista, Chávez ha sustentado su permanencia bajo un discurso general: consolidar su proyecto de ‘socialismo del siglo XXI’. Y si de algo no quedan dudas es que gran parte de su pueblo le reconoce haberse preocupado por hacer llegar la riqueza a los más pobres.
“Prefiero irme donde los (médicos) cubanos que me atienden bien, que a una clínica privada donde por ser capitalistas lo tratan a uno como un perro”, dice un venezolano simpatizante del actual presidente luego de que fuera reelegido. Es verdad, la inversión de casi la mitad del presupuesto en programas sociales le ha generado un gran porcentaje de adeptos que, según los últimos resultados, aún supera a la mitad de la población. Uno de ellos, por ejemplo, es el canje de médicos por petróleo que hace con el régimen de su amigo Fidel Castro.
Armado del exorbitante ingreso que percibe la empresa estatal Petróleos de Venezuela SA (PDVSA), Chávez cuenta con la legitimación popular a pesar de sus constantes exabruptos y censuras a la libertad de prensa. En la última campaña, desgastado por el cáncer y los años, prefirió enfocar sus esfuerzos en descalificar a su rival durante sus interminables discursos públicos en su programa Aló, presidente, el cual está facultado a interrumpir cualquier transmisión que esté siendo pasada por señal abierta.
A Capriles lo tildó de ‘majunche’ –o mediocre–, reforzando así la idea de que no era competidor para él. “¿Quién va a debatir contigo muchacho? Vete a aprender a hablar primero, eres un analfabeta político. ¿Qué vas a debatir con Chávez?”, le dijo en respuesta a la propuesta que hizo aquél para organizar un debate televisado, al tiempo que solía repetir la frase “aquí están los patriotas, allá la nada”.

“Haga usted esa pregunta en Miraflores, a ver si puede”.

Foto: noticias.lainformacion.com

El oponente del comandante fue un abogado de 42 años. Ex presidente de la Cámara de Diputados y gobernador del estado de Miranda, Henrique Capriles Radonski es lo que aquí llamaríamos un ‘caviar’. Según cuenta Mónica Radonski, su madre, sus ancestros judíos llegaron a tierras venezolanas huyendo de los nazis con solo 100 dólares en el bolsillo. “Mi papá oyó que había un país que se llamaba Venezuela que daba visas, porque Estados Unidos no daba visas en ese momento”, relata para la cronista Mariana Atencio.
No obstante, el esfuerzo que hicieron los Radonski por montar una exitosa cadena de cines le dio a Henrique la posibilidad de saborear las mieles de la abundancia, estudiar en un buen colegio y conocer el mundo. Él, sin embargo, se considera, a sí mismo y a su proyecto, socialista. Por eso, deplora la estrategia que tuvo el oficialismo de identificarlo con la ultraderecha, la cual tuvo cierto éxito a pesar de los esfuerzos que hizo por desvincularse de ese estigma. Uno de sus modelos de afiche rezaba “Abajo y a la izquierda, vota por Capriles”. No tuvo suficiente éxito.
Quienes lo quieren le dicen ‘el flaco’. Durante su campaña trató a toda costa de diferenciarse de la imagen cansada y desfigurada que presentaba su contendor, haciendo recorridos enormes por todas las ciudades que le era posible. Entre reuniones con grupos empresariales y el largo camino de puerta a puerta, el flaco se pasó la campaña intentando mandar un mensaje de unidad. No por nada así se llama el movimiento que representa, Mesa de Unidad Nacional, que aglutinó a toda la oposición del país petrolero.
Otro de los puntos fuertes en su campaña fue el respeto a la libertad de prensa, en oposición a lo mostrado por su rival. En una conferencia de prensa, cuestionado por una reportera de manera fuerte, Capriles respondió: “Haga usted esa pregunta en Miraflores (residencia del presidente), a ver si puede. A ver si no se gana con catarata de insultos. La diferencia es que aquí sí puede, ese ya es un cambio”. Lo cierto es que el candidato de oposición está estrechamente ligado por línea paterna a un gran conglomerado de medios venezolano, la Cadena Capriles.
Luego de la derrota del domingo, el flaco Capriles ha reconocido lo hecho por su rival. Este, en un gesto único en sus tres campañas presidenciales, lo ha llamado para conversar. Ambos comentaron en sus cuentas de twitter aquella plática. Chávez escribió: “Créanmelo: he sostenido una amena conversación con Henrique Capriles! invito a la Unidad Nacional, respetando nuestras diferencias”.
Hoy, tras una elección bastante apretada, cuyos candidatos cerraron sus campañas en verdaderos baños de popularidad, Venezuela se embarca en una travesía dura con una opinión pública fragmentada. El reelecto presidente tendrá que enfrentar problemas urgentes como la inseguridad ciudadana (Venezuela es el país con más homicidios por cantidad de habitantes de la región), la inflación en una economía con un tipo de cambio controlado y el desabastecimiento de productos y servicios varios por la huida de muchos capitales.
Por si esto no fuera poco, aún cuando la ventaja de aproximadamente un millón y medio de votos que le sacó Chávez a Capriles parece real, siguen cundiendo los rumores de fraude, en tanto muchos votos de lugares sumamente afines al opositor no habrían sido enviados para el conteo por decisión del CNE. Es verdad que el blanco que portaba Tibisay Lucena es el color de la transparencia, pero así también es cierta la frase que recoge la cronista Mariana Atencio de su camarógrafo Jesús: “Capriles es como un tipo que está tratando de gritar en una discoteca donde Chávez es el dj que le sube el volumen”. Más que eso, diría yo que es el dueño del establecimiento, ese con capacidad de soltar a los matones para echar a los revoltosos del local.
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