Eduardo Adrianzén: “A los medios les interesa hacer plata, por eso matan a su mamá”

A EDUARDO ADRIANZÉN, DRAMATURGO
Dramaturgo y guionista para televisión, Eduardo Adrianzén conoce ese mundo desde hace más de 25 años. De ahí su crítica a la falta de ética en los programas de televisión que —según dice— muestran una supuesta realidad y ‘cosifican’ a sus participantes. Mientras el tema de la ‘televisión basura’ parece no haber pasado de esputos de venganza televisiva a la sombra de un escandaloso asesinato, aquí Adrianzén ofrece su posición sobre el tema de fondo, pero sin dejar de lado el caso particular de Ruth Thalía Sayas.
Entre sus escritos se encuentran novelas como ¡Qué Buena Raza! o Los de arriba y los de abajo, famosa en los años 90, mientras que en la miniserie, un género que se ha explotado mucho en los últimos años, cuenta entre sus obras Sarita Colonia, Chacalón, Perú Campeón y la superproducción televisada por América en la que fue victima de censura: La Perricholi.

Foto: La República

La pregunta que todos se han hecho es si la televisión mató a Ruth Thalía Sayas. ¿Qué opinas?
No la mató, no es una sola cosa. Todo sucede por una suma de factores, algunos con mayor o menor peso. Evidentemente, la televisión desencadenó un crimen, puso las condiciones en bandeja para que se dé. Es cómo decir que tú quieres matar a tu abuelo y yo te pongo el cianuro, la sopita y la cuchara. ¿Quién tendría la culpa? Yo lo veo así, te pone elementos para que otra persona haga directamente el acto.
Beto Ortiz publicó una columna en Peru21 y te citó (ver aquí). Decía que si tú habías trabajado en Magnolia Merino, ¿cómo podrías criticarlo a él?
Sí, Magnolia Merino era justamente un estudio de televisión basura. No sé, creo que la gente inteligente debería de tener mejores argumentos, está mezclando papas con camotes. Una cosa es un reality y otra es la ficción. Me puedes decir que mala era, que fea, que horrible, pero estamos hablando de ficción. Si yo hubiera hecho reality, me podría decir qué hablo sin autoridad. No siempre la inteligencia te hace responder bien, la rabia te puede ganar.
¿Crees que debieron cancelar el programa por ética?
La palabra ética no existe en la televisión, menos en la de ese tipo. Te diría ochenta razones por las que no debería existir, pero ya que existe, ante una situación como esta, cancelarlo sería lo mínimo.

La palabra ética no existe en la televisión, menos en la de ese tipo.

¿Qué opinas de que se haya presentado ‘PPK’ después del escándalo?
No creo que le importe mucho, él solo va a hacer campaña política. Si se dejó agarrar el escroto en campaña presidencial, qué le importará ir a programas como ese. Hay gente a la que le cae muy bien, le parece un buen líder, etc. A mí me parece un payaso más.
Dijiste que si hubiera sido un animal al que maltrataron, la gente se hubiera indignado. ¿Por qué crees que no podemos tener ese mismo nivel de proximidad con un ser humano?
No lo sé y me parece aterrador. Estoy seguro que si hubiera sido un perro al que torturaron, la gente hubiera llamado por teléfono, habría salido todos los amigos de los animales a dar alaridos. En la televisión de ese tipo, el ser humano se vuelve una cosa, un objeto, un insumo que sirve para hacerte llorar, se vuelve algo que deja de ser humano.

La prucción dice: “yo te traigo a ti, muerto de hambre, para que me digas lo que quiero por plata”. Pero eso no se lo hacen a gente poderosa.

La peor imagen de esto es el origen social de los participantes: en la medida que es una cholita pobre y sus padres también, y todos son así ‘gente de última’, es que te parece normal que se cosifiquen. Para mí el asunto radica en cómo los ve el poder que en este caso es la producción. Su mirada es de arriba hacia abajo: “yo te traigo a ti, muerto de hambre, para que me digas lo que quiero por plata”. Pero eso no se lo hacen a gente poderosa. Es una cuestión de clasismo, como los que iban donde Laura Bozzo, no importaba que se peguen, escupan o coman basura. El set de televisión es un espacio donde el que no lo conoce se apabulla y se aplasta, por eso la perversidad, porque es gente que no maneja los medios y entra en la boca del lobo.
¿Qué te parece el tratamiento periodístico que le dieron a los hechos?
Para no contribuir al circo habría que callarse lo que sucede, entonces ahí viene un dilema: al hablar de esto, haces circo y le echas gasolina al asunto, pero la otra opción es no hablarlo y dejar que pase. Te pones en una disyuntiva, siempre va a pasar eso con el tratamiento de la noticia. La línea entre vender más periódicos, y el aprovechamiento y todas esas cosas es bien delicada. Depende de cómo lo trates tú concretamente. Sería muy fácil hacer una historia en fascículos, cómo se hizo con el ‘caso Ciro’. ¿Cuál es la medida de eso? No lo sé. De cada uno depende.

Diría incluso que los dueños del canal no tienen mucho de culpa, porque ellos le dicen al productor “hazme plata”, no les interesa si es presentando National Geographic o un silo.

¿Te consideras conservador cuando se trata de programas que muestran la realidad?
En lo absoluto. Los conservadores son los que dicen que lo único que importa es el negocio, los republicanos que son lo más conservadores, te van a decir que la libre empresa es lo que vale y lo único que interesa. Lo que sí me gustaría es siempre tener cuidado con lo que uno dice y hace.
Diría incluso que los dueños del canal no tienen mucho de culpa, porque ellos le dicen al productor “hazme plata”, no les interesa si es presentando National Geographic o un silo. En realidad, al dueño del negocio le importa un pito como hagas el dinero, eso me consta porque yo he trabajado en cosas donde he hecho ganar mucho dinero, y no eran ‘TV basura’. No les interesa lo que presentes, sino el resultado. Entonces, cada productor es responsable de su producto y cada cual hace lo que le viene en gana hacer. O lo que puede hacer.
¿Lo que le resulta más fácil?
Lo que le resulte más fácil, lo que le dé la autoestima, lo que le dé el cerebro, sus propias ideas. Una cosa he aprendido en 27 años metido en tele: tú sacas a la persona por el programa que hace. Esa es la regla de oro, es clarísimo.

¿Qué es la llamada ‘televisión basura’?

Para ti, que has trabajado en televisión, ¿qué se salva del formato que llaman ‘televisión basura’?
Antes que nada, debemos identificar a qué cosa le llamamos ‘televisión basura’. Ese es un adjetivo que tiene que ver con un tipo de contenido básicamente, pero lo puedes encontrar en muchos géneros. El de peor reputación es el mal llamado reality. Digo mal llamado porque no es tal, muy rara vez tiene realidad, sino más bien un armazón que aparenta serlo. También existe en la prensa, puedes hacer basura realmente en cualquier parte.
La ficción te da una gran ventaja: que siempre es mentira. Puede ser una novela muy mala, muy grotesca, horrible, con contenidos espantosos, pero en todo caso, la salva su carácter de falsedad de plano, por lo menos es clara en su propuesta de ser mentira. Como el resto juega a la verdad, programas periodísticos, programa de entretenimiento, magazines, prensa, noticieros, etc., la cosa se pone más delicada y ahí sí puede caber el calificativo ‘televisión basura’, dependiendo de los contenidos.
Estos pertenecen básicamente a un tipo de televisión que explota las debilidades humanas, que explota situaciones desagradables para el placer del público, seudo noticias que no lo son o información que no es tal; se nutre de cosas que no tienen ninguna importancia, es decir, va por la futilidad también.

La ‘TV basura’ tiene básicamenteun tipo de contenidos que explotan las debilidades humanas, que explotan situaciones desagradables para el placer del público, seudo noticias que no lo son o información que no es tal.

¿Crees que esto es muy peruano?
Lamentablemente no. En todas partes del mundo, en televisión hay cosas horribles y no puede decirse que es un invento nacional. Más bien, ha llegado con un poco de retraso. Puede ser una consecuencia de la hiperinformación, en la cual puedes, con Internet, saber lo que pasa en cualquier momento y parte del mundo. Eso hace que te acostumbres a ver ese tipo de cosas que están en todas partes y lentamente se pierde el pudor que el peruano suele tener, pero se pierde en la medida que esta moda va cundiendo.
¿Se deriva del sistema donde los medios solamente buscan vender y no educar?
Totalmente. La televisión peruana se fundó bajo el criterio del negocio y eso per se no es malo. Todo, absolutamente todo es un negocio. Lo malo es la desesperación cuando se cree que ya se acabaron las fórmulas naturales para hacer entretenimiento, para hacer negocio. Ante ese miedo de la repetición y de perder en la competencia, se van perdiendo los límites. Es una cuestión de desesperación comercial y en ella se pierde la noción de todo, de absolutamente todo.

La responsabilidad que trae todo gran poder.

¿Cuál es la solución, regulación o autorregulación?
La autorregulación no va a existir en la medida que sea negocio, no les interesa. Les interesa ganar plata y fin, por eso matan a su mamá.

Algo tan poderoso y que tiene tanto peso en la mentalidad popular (los medios), lo lleva un señor que hace colchones o papel higiénico, y que no entiende que es un medio de poder.

¿Los códigos de ética son un saludo a la bandera?
No existen, no los tienen. Te van a decir que sí, pero en verdad no los tienen. Yo no sé qué hacer. Hemos llegado a una trampa horrible, porque la otra cosa es la censura y mañana alguien te dice no me gusta esto porque es feo y te lo corta.
Estamos, finalmente, en las consecuencias de que la televisión no esté en manos de comunicadores o de gente profesional, sino de cualquiera que pone plata. Algo tan poderoso y que tiene tanto peso en la mentalidad popular, lo lleva un señor que hace colchones o papel higiénico, y que no entiende que es un medio de poder. Es decir, sí lo saben, les encanta meter a presidentes o influenciar por ciertas cosas, pero no tienen idea del poder en el imaginario colectivo y en la pisque del televidente, ni les importa.
Une a eso que los comunicadores que egresan están pensando que sus ídolos son la gente que hace la peor televisión. El tema está entrampado y quizás la soluciones vendrán por la saturación de la gente, de llegar a los extremos de los extremos a los cuales todavía no se ha llegado. No veo salida.

Si te pones a pensar en la cantidad de discurso audiovisual que ve un niño, te das cuenta que los medios dominan su vida, que le están diciendo lo que debe creer. Es un poder inmenso, gigantesco.

¿Cuál sería el salvavidas que le podemos tirar a los medios?
Los medios no son malos, nada es malo per se. En todo caso, ellos deberían tirarnos un salvavidas a los espectadores. El asunto es que tienen muchísimo poder, son el poder contemporáneo. La sociedad se está leyendo en los medios, se está auto-percibiendo como la perciben los medios, lo cual es bastante terrible, porque estos no muestran la realidad, sino un imaginario perverso en muchos casos.
Se ha generado una idea de que la televisión es tan poderosa, que tiene derecho a decirte cuál es un comportamiento correcto, qué es lo que debes ver, qué es lo que debes pensar. Yo soy de la primera generación de gente, posiblemente, que ha vivido viendo televisión. Piensa cuántas horas pasa un niño frente al aparato desde que nace, agrégale a eso las horas que pasa en Internet y todo lo que sea ver un espectáculo en una pantalla, súmalo todo y te va a salir muchísimo más que las horas de colegio, que las de lectura, que las que pasa con sus papás o jugando en la calle.
Si te pones a pensar en la cantidad de discurso audiovisual que ve un niño, te das cuenta que los medios dominan su vida, que le están diciendo lo que debe creer. Entonces, es un poder inmenso, gigantesco. Eso, mal utilizado, puede generar las cosas de terror que está generando.
¿No crees que estés subestimando a las personas?
No creo, porque no digo que la gente es bruta, sino que está muy expuesta desde que ha nacido a muchas horas de televisión. Si me dices que alguien que hace mucho deporte es una persona sana, te diría que “sí, porque hace deporte todo el día”. Alguien que está muy expuesto a la televisión, evidentemente está expuesto a ser influenciado por el mensaje televisivo. Es una cuestión de lógica. Te condiciona o te acostumbra a ver el mundo de esa manera, es lo que quiero decir, no es que te vuelva bruto. Ahora, si sumas a eso que la educación es fatal, la combinación es de terror. Lamentablemente sí influencia y se está viendo en todo el mundo, no solo acá.

Eduardo Adrianzén como ‘el esclavo’ en la película dirigida por Francisco Lombardi, La ciudad y los perros.
Foto: RPP

Un poquito de historia y expectativa

Muchos suelen encontrar las raíces de este problema en la época de los 90, cuando Fujimori controlaba la mayoría de los medios, ¿estás de acuerdo?
Desde que la televisión aparece, empieza como un medio de entretenimiento. No tiene escándalos en sus inicios, hasta que aparece Augusto Ferrando. Él fue el primero que hizo que la gente diga “que horror, qué es esto”, porque respondía a un pensamiento de criollo, vivo, zambo batidor que era racista, misógino, que era todo lo horrible, pero que te da risa. Vendía al limeño criollo de ‘llonja’ que se los pasea a todos, al cholo, al negro, a la solterona y a todo el mundo. Visto a la distancia, es muy gracioso y ello responde a una época en la cual Ferrando representa una manera de entender al Perú en los medios de comunicación. Estos decían: el criollo de callejón, es el modelo hegemónico. Ese es Ferrando.
Con el tiempo, comienza a aparecer otro público. Además, Ferrando es antes de que el 99% de la gente tenga televisión, cosa que cambia a partir de los años 90. Ahí descubren los medios el poder que tiene dentro de las personas que no tenían acceso a otras cosas, que lo único que tenían era la televisión. Al darse cuenta de eso, empezó a haber una utilización del espacio televisivo para la distracción: el circo elevado a la ‘N’ para tapar cosas. Se empieza a buscar formatos que den tanto que hablar que hagan perder el interés en cualquier otra cosa, utilizándose como instrumento político. Sin embargo, no empieza por la propia necesidad del público, este no pide esas cosas.
El público es una abstracción, son millones de personas que piensan diferente, no puede decirse que es uno solo. Tú eres público, yo soy público y todos somos público, no puede decirse que es como el cielo, son un montón de voluntades. Entonces, son los responsables de los programas los que ponen los contenidos por alguna razón, porque los beneficia.

El primero que hizo que la gente diga “que horror, qué es esto” fue Ferrando, porque respondía a un pensamiento de criollo, vivo, zambo batidor que era racista, misógino, que era todo lo horrible, pero que te da risa.

Si el público no pide esas cosas, ¿cómo explicas que programas como ‘El valor de la verdad’ tienen tanto rating?
Porque saben vender muy bien el suspenso. Al margen de la moral, si analizas el discurso televisivo, indudablemente son muy hábiles, porque juegan todo el tiempo con la expectativa, que es la mayor arma de interés en un programa. Toda la ficción se basa en expectativas, todas las novelas, miniseries, películas y todo lo que se te ocurra juega con la ella, la base de la dramaturgia es la expectativa. Ese programa, de plano, hace de la expectativa su razón de ser, por consiguiente, funciona en términos de interés.
¿Esta expectativa no podría usarse igual para otro tipo de programas?
Se aplicaba antes, por ejemplo, al programa de preguntas y respuesta, normalmente se aplican en todo los concursos. El tema es cómo la manejas. Lo que pasa es que el reality coge elementos de la ficción, crea personajes, designa roles a gente, utiliza recursos mentirosos para armar algo que supuestamente es real. En el concurso no, la expectativa va por otro lado. El problema del reality siempre es ese, utilizar esos elementos vendiéndote que es algo real.
Anuncios