El indulto por Twitter

Un artículo de Henry Ayala

¿Llegará el indulto al ex mandatario Fujimori? (Foto: Perú.com)

Alberto Fujimori vuelve a llenar portadas de periódicos. El pedido expreso de indulto humanitario de parte de los hijos del ex dictador ha vuelto a colocar el tema sobre la mesa causando revuelo en los medios y en las conversaciones del día a día. Sin embargo, más que una discusión legal o médica, la lucha por el indulto devela el poder creciente del fujimorismo y la debilidad para tomar decisiones del ejecutivo. La pelota está en la cancha de Humala y, patee al arco que patee, tendrá hinchadas esperando explicaciones al final del partido.
Tanto en forma de herida abierta y símbolo del periodo autoritario que vivimos hace doce años, como líder salvador del pueblo frente a la amenaza senderista, Fujimori marca el imaginario del peruano dividiéndolo en dos: lo amas o lo odias. Si todo el Perú usara Twitter, el chino sería trending topic todos los días. Es por ser tan popular que el indulto hacia su persona sea una papa caliente para el gobierno. Por ello, habría que profundizar más sobre las causas y consecuencias políticas de tal decisión.
Sí va
Hagamos el ejercicio de ir hacia lo más profundo, a lo implícito, a lo político. Imaginemos que las rusas no se equivocaron con el temblor, que Argentina le ganó a Perú y que Humala le concede el indulto a Fujimori. Probablemente sería por la esperanza de un posible acercamiento a la bancada naranja para establecer los cambios constitucionales que dejen el camino libre a la postulación de Nadine Heredia. Probablemente se buscaría con esto poner paños fríos a la oposición fujimorista en aras de mayor gobernabilidad y soltura para los programas sociales. Probablemente esto sería una mera ilusión, pues cualquier grupo político (mejor aun el segundo bloque más numeroso en el Congreso) no desperdiciaría la oportunidad de hacer tambalear el gobierno, así éste le haya concedido su mayor pedido. Una cosa es cierta: tenga por seguro que al día siguiente de haberse concedido el indulto, el fujimorismo seguiría apedreando la CVR, la estrategia del VRAE o el papel de la Primera Dama.
Por otra parte, la salida del ‘Chino’ de la DIROES traería algarabía en un grueso sector de la población. Imagínese usted cuántos videos más de Fujimori dirigiéndose a la Nación, cuánto sería el sentimiento de victoria de Keiko y compañía en las declaraciones a la prensa, incluso imagínese cuántos mítines cerrarían con la aparición del delicado presidente perfilando a un 2016 naranja. Ni cientos de columnas en la República o decenas de renuncias en el partido de gobierno podrían opacar tal conmoción política. Fujimori es un clivaje social que, en ese escenario, comenzaría a ganar más terreno que nunca.
No va
Las rusas se equivocaron, Pizarro metió el penal y Humala le teme a la CIDH y a quedar peor con sus amigos disidentes o los pocos izquierdistas que le quedan en el gobierno. Trataría de alargar la decisión lo más posible (García style) hasta que decida no brindar el indulto humanitario. Así se ampare en las leyes o en argumentos sobre los derechos humanos, el fujimorismo siempre encontraría la forma de tildarlo como “inhumano e insensible con la enfermedad de un anciano”. De por sí, esto causaría un descenso en la ya mermada popularidad del mandatario —aplicando la ley del ‘pobrecito’— que Ciudadanos por el Cambio no podría subir con sus vítores hacia la decisión.
No obstante, un escenario nefasto puede salir de esta negativa. ¿Qué pasaría si Don Alberto Fujimori, de 74 años de edad, fallece sin haber podido recuperar su libertad? La muerte en la cárcel —si es que a la DIROES se le puede llamar así— es un simbolismo que causa la divinización del líder. Miles llorarían en las plazas. Se oficiarían cientos de misas en su nombre. Habría un sepelio multitudinario. Así como no hay novia fea, no hay muerto malo.
La oposición naranja, muy avispada, arremetería contra el gobierno apoyándose en que fue la prisión la cual acabo con la vida del expresidente, creando un sentimiento revanchista que ganaría más de un adepto. Llegaría el 2016 de la mano de Keiko, con una candidatura endiosada y aparentemente limpia de culpa, en contra del gobierno “mata-ancianos”.
Como podemos ver, la situación es política y tiene varios escenarios con consecuencias desfavorables para el nacionalismo, sobre todo en las próximas elecciones de 2016. El presidente tendrá que meditar con la cabeza fría y tomar en cuenta todos los posibles escenarios que se presentarían, así como los posibles beneficios y nuevos aliados que podría ganar con la acción que tome. Sin embargo, la inexperiencia del partido oficialista y sus constantes retrocesos en cuanto a situaciones problemáticas hacen dudar de la pericia y efectividad de la decisión que se llegue a tomar.
Si el indulto se dá, probablemente sea por Twitter; es decir, a última hora, sin explicaciones y en menos de 140 caracteres.
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