La Molina: ¿verde o gris?

Hace unos meses recibí un comunicado de la directiva de mi urbanización; sí, suena como cosa importante. Usualmente son citaciones para reunirse y dialogar acerca de los problemas o futuros proyectos para nuestro distrito, asuntos que a muchos no nos generaban interés, hasta ahora. Estaba junto a la taza de café en la mesa, por lo que llamó mi atención y comencé a leer, poco a poco mi indignación iba creciendo, aunque una pizca de escepticismo la iba controlando, ¿Qué estás leyendo? pregunta mi abuela y yo procedo a explicarle:
Nuestra tan querida Municipalidad de Lima ha emitido una ordenanza en la que da mayor poder a los municipios locales para cambios de zonificación. Asimismo, ha promulgado otra ordenanza sobre el cambio vial general de la avenida Melgarejo, convirtiéndola en una vía colectora de ocho carriles y reduciendo la berma central de dicha avenida en 1.60 metros. Con esto la cambia a una zona comercial para construcción de edificaciones de más de 5 pisos y establecimientos de grandes comercios. ¿Traducción? Para los vecinos de La Molina será fácil entenderlo; la avenida Melgarejo se encuentra en Santa Patricia (zona residencial según la ley zonificación en Lima Metropolitana), dos carriles a cada lado separados por una especie de sendero palmeresco. Las líneas de transporte urbano que circulan por la avenida son a lo mucho cuatro; negocios comerciales, pocos pero necesarios; espacios verdes, abundantes, lo cual ratifica la esencia de La Molina – hasta ahora. Gran proyecto el cambio de zonificación, ¿verdad?, gran idea la de aumentar el tránsito de vehículos pesados, autos, y mayor flujo de personas, esplendorosa iniciativa la de reducir las áreas verdes, atentando contra la ecología y, porqué no decirlo, belleza de la berma central.
¿Qué es lo que se pretende con esta nueva y -permítanme decirlo- abusiva ordenanza? La Directiva no lo entiende, los vecinos no lo entienden, yo no lo entiendo. Mis abuelos eligieron este lugar para vivir por su tranquilidad, por su silencio, por sus áreas verdes, y según comentarios de los vecinos todos coinciden en lo mismo. Entonces, ¿por qué la municipalidad hace caso omiso y empieza a emitir ordenanzas y leyes que atentan contra nuestra estabilidad urbana?
Ya empezaba a cuestionar a todo aquel que haya votado por Zúrek, pero el sentido crítico me hizo reflexionar e investigar; no toda la culpa recae en Lima, el cambio de zonificación se ha promulgado debido a la petición de La Molina, cómo no, del alcalde. Sinceramente, no sé si el proyecto se consultó, pues todos los planes de ‘presupuesto participativo’ me parecen una simple fachada, y no solo por desconfianza de los municipios y gobernadores, sino porque simplemente no lo creo, y mucho menos si viene de un alcalde que se ganó los votos de sus electores regalando helados y galletas. Si los vecinos se oponen a esta gran iniciativa, ¿qué es lo que los lleva a iniciarla? Será que “La Molina busca mejorar la calidad de los servicios públicos locales, haciéndolos más eficientes para una mejor atención al vecino”. Mmm, i don’t think so. La demanda y oferta de servicios en Santa Patricia está equilibrada, es sosegada y cumple con los requisitos de muchas familias molinenses.
Hace unos meses en esta misma urbanización se intentó destruir una loza deportiva del parque ‘San Jorge’, con el fin de implementar nuevas piletas en ese mismo lugar. Cabe resaltar que este pedido venía desde el 2010 de parte de la Directiva Vecinal. ¿El motivo? Que las personas que hacían uso de dichas instalaciones atentaban contra ‘la moral y buenas costumbres’. El proyecto se presentó como parte del Presupuesto Participativo y se aprobó dentro de la Asamblea, dando carta abierta a la Municipalidad para que empezara las remodelaciones. Sin embargo, no creo que esa sea la única manera de solucionar el problema, pues llegué a pensar; ¿Deporte o desperdicio de agua?, ¿Mayor seguridad y mejores soluciones o simple borrón y cuenta nueva? Creo que la respuesta está bien clara. Y no es porque de pronto me haya surgido el espíritu ecologista y empiece a predicar el ‘Reduce, rehusa y reclica’ por doquier, sino que es una cuestión de respeto, de lealtad. La ‘canchita’ había cosechado amistades, pichangas, juegos y hasta reencuentros. Había sido participe de uno que otro enamoramiento y suponía una especie de círculo común entre los mayores y los más chicos. Eliminar eso pretendieron, felizmente no pudieron.
En fin, terminando mi desayuno con poco apetito y ojeando el periódico para ver si se había emitido algún comunicado acerca de eso, me topo con una sorpresa; sí había un comunicado a la opinión pública, sí era referente a esta nueva ordenanza de la municipalidad, los vecinos sí se mostraban preocupados por esta promulgación, pero el distrito era otro, San Isidro. Bastó eso para darme cuenta que es un problema que ya no se restringe a una comunidad pequeña, sino que poco a poco se van asomando las molestias. Molestia con mi propia municipalidad y con la de Lima.
¿Desde cuándo se empezó a relegar a la cuarta rueda del coche a los residentes de un distrito? ¿No que por ellos iban todas las obras, para su bienestar? Patrañas, el comercio vende más. Es lamentable, pero no puedo evitar viajar hasta el 2005, año en el cual Luis Dibós, ex alcalde de La Molina, se opuso a un cambio de zonificación propuesto por la Municipalidad de Lima, pues implicaba una masificación del distrito. Me pregunto qué pensaría ahora Dibós, ¿Le habrá llegado el comunicado? Tal vez alguien por ahí se atreva a decir en voz baja lo que todos hemos pensado en algún momento: ‘tiempo pasado fue mejor’.
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