La dama de hierro

A MILAGROS LEIVA, PERIODISTA
Milagros Leiva es la cara fresca del periodismo de hoy con su programa nocturno No culpes a la noche. Según dice, su apariencia, dulce y pacífica es solo parte de la desinformación.“Si me creen ‘suavecita’, no conocen mi trayectoria”.

Una entrevista de Fabrizio Ricalde
03 de Julio del 2012
«Buenas noches, señores y señoras, son las 11:03 minutos de la noche.» Así comienza la conductora del programa No culpes a la noche, con una amplia sonrisa y un set decorado de corazones elegantes y tonos opacos. Como algunos desconocen, Milagros comenzó hace diecisiete años en el periodismo y hace poco más de un año se perfila como la primera figura de las entrevistas en el Perú. Con esfuerzo y dedicación, como afirma, y también con mucho compromiso por el honor inquebrantable. «Yo no voy a los cocteles, odio a los mermeleros y espero que se denote mi seriedad laboral», sentencia. 
¿Conservas algún recuerdo que haya influido en tu profesión de entrevistadora?
Yo estudiaba en un colegio de monjas y una vez tuve un problema con una de ellas, porque le pregunté algo que no se debía preguntar. Mi papá me dijo que yo tenía el derecho de preguntar lo que quisiera, siempre con respeto.
¿Cómo es esa profesión de preguntar para Milagros Leiva?
Es una de las profesiones más nobles y, parafraseando algo ya conocido por todos los periodistas, también puede convertirse en uno de los oficios más viles, porque los periodistas trabajamos con algo muy importante para el ser humano que es su honor, su nombre y su apellido. Es una carrera muy peligrosa. Creo, como Kapuscinski, que los cínicos no son bienvenidos en este oficio.
¿Cuál es la misión del periodismo?
Informar, por sobre todas las cosas. El periodista tiene que preocupase por tener fuentes, por leer, investigar y decir la verdad. También debemos preservar la literalidad de las declaraciones y nunca tergiversar al entrevistado. Por el afán de conseguir quince minutos de fama no puedes cambiar un titular, no puedes mentir, no puedes alterar una declaración. El día que lo haces, no hay retorno. Quedas manchado, pero solo lo sabes tú y tu entrevistado, y luego lo sabrá el mundo entero. Tentaciones yo he tenido miles.
¿Has caído en alguna?
Nunca, porque entiendo que la credibilidad es una larga caminata cuesta arriba y el día que tú te traicionas a ti mismo y a  tu fuente, es tan intensa la caída libre que dudo mucho que te vuelvas a levantar. A veces maltratan al entrevistado, maltratan a la fuente, se burlan de la fuente, les interesa un pepino enmendar un error, juegan con el honor de una persona con condicionales. Eso me da ganas de vomitar.

Mi estilo lo tiene que definir la gente. Si algunos me ven como ‘suavecita’, está bien, pero no conocen mi trayectoria. No puedo hacer nada contra la gente desinformada. 

¿Crees que la gente puede verte como muy suave y blanda a la hora de entrevistar?
No me veo así. Quien me vea así es que no conoce mi carrera. Yo he aprendido a no atormentarme por lo que piensa la gente. Si creen que soy blanda, es su problema, no es el mío. No me han visto entrevistado en No culpes a la noche, no han leído mis entrevistas en El Comercio, no conocen mi trayectoria y no puedo hacer nada con la gente desinformada. Creo que la gente confunde Cinco minutos con No culpes a la noche. En el primero no estoy entrevistando, estoy conversando, porque es imposible entrevistar en cinco minutos. La raíz de ese programa es sacarle lo mejor a la gente. En el segundo nunca temo en hacer las preguntas duras.
¿Cómo definirías tu estilo?
No me gusta definirme, que me defina la gente. De lo que estoy segura es que, como periodista, yo no voy a hacer prevalecer mi punto de vista por encima del de mi entrevistado. Si me ven como ‘suavecita’ por eso, está bien. Pero yo creo que a la gente le interesa más mi entrevistado y su mensaje y esperan un fuego cruzado. No voy a dejar de hacer las preguntas por más atrevidas que sean. A Toledo le he preguntado si en verdad era un ‘loco whisky’, por más irrespetuoso que haya podido sonar. Al ‘Loco’ Vargas le preguntaría cuantas ‘chelas’ se toma cuando está concentrado o cuantas veces se ha tirado una bomba.

El poder de la política

Hay periodistas, como Aldo Mariátegui, que tienen una postura política definida y que entran al enfrentamiento mediático.  
Aldo ha construido un personaje, ¿no? (Se ríe). Por ejemplo, él odia a los caviares y yo no los odio. Había un grupo durante la campaña que me decía Fujimorista porque entrevistaba a Keiko. Lo último que  soy es Fujimorista. Otro grupo me decía caviar. A mi me divertía eso porque no leían mi pensamiento político y creo que nunca lo van a leer. Se ha malentendido que se debe hacer periodismo militante. Yo no he entrado a esta carrera para defender posturas. No, no, no. Un momentito. Lo que yo quiero es darles voz a todos, esa es mi posición.

Ahora no hay persecución al periodismo. Eso será cuando cierren los medios. Ahí tenemos que salir
todos a marchar.

¿Qué postura política tienes?
Nunca te lo voy a decir. No me interesa estar alineada bajo alguna corriente porque después se malentiende por favor hacia ese pensamiento. La política peruana a veces es un circo, a veces es una novela tragicómica. Hay buenos y malos políticos. Hay pocos a los que de verdad les interesa el Perú. En cuanto al periodismo, todos los gobiernos nos odian. Existen los políticos que nunca contestan las preguntas y se aprenden un rollo de memoria.
¿Crees que el periodismo está siendo perseguido por la política?
Eso dicen todos ahora. Por ejemplo, Rudy Palma cometió un delito y está bien que lo botaran del diario. Es un tonto, ha hecho quedar mal a los periodistas. Lo de Juan Carlos Tafur me parece un abuso de poder por parte de Ketín Vidal. Sin embargo, nada de eso es persecución, son casos aislados que nos permiten abrir los ojos y estar atentos. El periodismo siempre va a tener juicios. Persecución es cuando cierren una radio, dos periódicos, tres canales. Ahí si todos tenemos que salir a marchar. De todos modos, al presidente Humala no le gustan los periodistas, no le gusta dar conferencias, se corre. Solo usa su Twitter. En la televisión los políticos se cuidan mucho porque los están mirando. (Se ríe). Pero yo hago que se olviden, porque empiezo a bromear y en el segundo bloque están relajados frente a la cámara.
¿Es el periodismo el ‘cuarto poder’?
Lamentablemente, el periodismo en el Perú puede poner fiscales, maltratar policías, sacar jueces, aunque no sean inocentes. La presión mediática es tan fuerte que uno reflexiona sobre lo delicada que es esta carrera. Es por eso los políticos se cuidan tanto cuando aparecen en la prensa. Me da risa el media-training para enfrentar a los periodistas. Se han dado cuenta que pueden quedar mal frente al público si no se preparan, porque la labor de un periodista es romperles el mensaje. Todos son voceros de sus propios pensamientos y quieren quedar bien ante el público. Yo no busco que queden mal, yo busco la verdad.

No culpes a la fama

¿Te costó llegar a la televisión?
Le pedí a varios editores que conocía, pero nadie me quiso dar una oportunidad, a pesar de haber hecho varios pilotos para varios canales. Siempre me decían para hacer noticieros y yo me negaba porque quería un programa de entrevistas. Sentía que, cuando entrevistaba para El Comercio, mi fotógrafo se quedaba pegado y los asesores de políticos o artistas también. Entonces que el público, probablemente, también se iba a quedar pegado. Además, sentía que faltaba una mujer en la televisión haciendo entrevistas.

Algunos creen que por tener carnet de periodista puedes entrar gratis a todos lados. Hay periodistas mermeleros que los odio.

¿Y que hay de Rosa María Palacios y Mónica Delta?
Rosa María no me parece una buena entrevistadora. Me parece que le ha ido muy bien, que es muy estudiosa y con muchos datos y recursos, pero si la sacas del contexto no le va bien. Un entrevistador tiene que ser versátil. En el caso de Mónica, no estaba cuando yo me planteaba ingresar, ella ya se había ido. Pero me parece una buena entrevistadora. En Panorama hizo grandes entrevistas, pero cuando fue a mi programa yo le dije que me incomoda mucho cuando pierde los papeles, la emoción le gana y se molesta con el entrevistado. El juez es el televidente, no el entrevistador.
¿No pensaste que podías convertir un noticiero en un programa que combine la noticia y la entrevista? Beto Ortiz lo ha hecho en las mañanas.
Beto ha reconocido que él está aprendiendo a entrevistar. Él hacía excelentes crónicas y reportajes, donde hay muchas más consideraciones y te puedes cubrir de mil maneras. En una entrevista solo hay dos, tu entrevistado y tú, sin nada para cubrirte. Sin embargo, me gusta su ritmo, como lleva al entrevistado. En los noticieros de las mañanas los periodistas se han aburguesado. Se sienta y solo pasan noticias, en vez de trabajar, entrevistar, ganarse realmente los frejoles. Me parece muy inteligente lo de Beto.

¿No crees que la fama de ‘calzón con bobos’ te la puso el propio Beto?
(Se ríe). Alan García no le daría una entrevista a ‘calzón con bobos’. Un presidente no le va a dar una entrevista a un idiota. Lo de Beto fue un juego, una gran ironía, pero me he dado cuenta que la gente no maneja las ironías.
¿Hay algún problema con la fama?
Creerse famosos. Algunos creen que por tener carnet de periodista puedes entrar gratis a todos lados. Hay unos periodistas mermeleros que los odio. Cuando hacen conferencias de prensa y nos invitan a comer, como si yo no hubiera comido en mi casa. Yo no acepto ir a los cocteles. No me gusta ese lado malentendido del periodista porque es una ofensa. ¿Por qué los periodistas tenemos que comer antes de hacer una entrevista? Me muero si dejo de ser una periodista honesta y trabajadora.
¿Crees que influencias en la opinión pública?
Ni me lo pregunto ni quiero saberlo, aunque sé que una opinión mía puede generar mucho revuelo. El otro día dije que botemos a Burga y se convirtió en el gran tema de discusión. La prueba más grande que el periodismo no influye al final es que Mario Vargas Llosa no ganó, así que a mi no me hagan creer que nosotros influimos. Podemos hacerle pensar al público, pero al final no vamos a convencer. Mucha soberbia sería decir lo contrario.
¿La televisión ha sido la razón de tu éxito?
No, por eso sigo escribiendo para El Comercio. Mi único objetivo de llegar a la televisión era que el público pueda ver a los entrevistados para darse cuando si la persona está mintiendo, diciendo la verdad, si es cínico, cobarde u honesto. Yo no he sido fracasada diecisiete años como para decir que ahora recién tengo éxito.
¿Crees que el siguiente paso es la televisión abierta?
Ya me están tentando, pero no sé que pasará. Si ese paso permite que yo siga entrevistando largo, bienvenido sea. Si significa otra cosa, no me interesa. En señal abierta hacen tanta estupidez, tanto escándalo, no piensan en el público. Siento que hay menosprecio y un tinte de discriminación. Por más que los canales abiertos tengan mucha más llegada y sean más masivos, no creo que me haga falta. Mi sueño es seguir entrevistando. Eso sí, me encantaría tener público y en No culpes a la noche no se puede, el estudio es muy chico. Con público al toque recibes el feedback y es maravilloso.

¿Qué falta para sentirse realizada?
Un montón de cosas. Me falta, en el plano personal, casarme, tener un hijo. Lo busqué durante mucho tiempo y espero que llegue en algún momento. Me encantaría ser mamá, tener una familia. En el plano profesional me falta un montón: publicar libros, escribir guiones, pero todavía queda tiempo, no me siento vieja. Al contrario, creo que los periodistas maduros somos los más pedidos porque sabemos más, conocemos más. Mi meta no es la televisión, es el cine. El día que yo vea una película escrita o dirigida por mi, podré dormir tranquila. Ese día diré que lo logré. Ahora estoy escribiendo un guión sobre unas hermanas. Ojalá pueda convertirlo en película algún día.

Haciendo milagros

Eres la primera periodista en incluir de forma tan efectiva las redes sociales en la televisión. ¿Cómo entraste en este mundo?
A todo eso me han obligado. (Se ríe).  Un amigo me hizo la cuenta en Facebook. Una amiga me hizo la de Twitter. Yo no manejo bien esas cosas, no sé ni subir una foto. Me considero una mujer antigua, me gusta leer en papel, no me gusta entrevistar por teléfono, odio no mirar a los ojos. Hay gente que cree que todo el día estoy en Twitter conectada. Solo me conecto cuando estoy frente a la computadora, me desesperan los aparatos manuales. Twitter me ha ayudado a estar más actualizada con las noticias y con la gente. Pocos piensan que por ahí también se puede bromear. Una vez un político me dijo que por poner que me gustaba el helado de menta ya no me creía una periodista seria. (Se ríe). Yo soy una periodista seria que le gusta el helado, que va al cine, que necesita que le corten el pelo. La gente tiene mucho estereotipo de la propia gente y a mi hace tiempo que no me interesa tener imagen de saberlo todo. Permíteme descansar un poco, ¿no?
¿Reabrirás el blog Se me va el tren, uno de los más exitosos de El Comercio?
No me acuerdo de la última entrada, la escribí llorando, sólo recuerdo que era una despedida a mis muchas lectoras. No he vuelto a leer el blog y no quiero hacerlo hasta dentro de un año, por lo menos. Varias veces me han pedido que lo vuelva a abrir, que siga publicando, pero es imposible. (Se toma unos segundos). Había muerto Joaquín Hastamorir, el protagonista de Se me va el tren y no podía seguir escribiendo allí. Si continué trabajando con el dolor encima fue porque no quería defraudar a la persona que más creyó en mí y que fue mi gran compañero. Él me dijo, cuando lanzamos Cinco Minutos, «le doy dos meses a cualquier broadcaster del Perú para que te ofrezcan un programa más largo». A la semana, Fabrizio Torres, en ese entonces productor de Canal N, ya me había ofrecido un programa de entrevistas. Dos meses después se entrena No culpes a la noche y durante la segunda semana del programa, él me dijo, después de la entrevista con Eliane Karp que tuvo tantas subidas y bajadas, «ya, ‘farruca’, ya la hiciste en la televisión». Tres días después, se murió inesperadamente. Como me has aconsejado, algún día voy a pulir esos textos.

Yo soy una periodista seria que le gusta el helado, que va al cine, que necesita un corte del pelo. No me interesa ser una sabelotodo.

Dijiste alguna vez en una conferencia que la última cara que veías antes de dormir era la de Rosa María Palacios en Prensa Libre, después de todo un día de trabajo. ¿Te sientes ahora la cara que todos los periodistas ven antes de dormir?
(Se ríe) No creo que eso sea así, pero si fuera verdad, es una gran responsabilidad para mí. Si los periodistas me ven antes de dormir, en especial los jóvenes periodistas o los que quieren serlo, espero que puedan distinguir que no me he traicionado como periodista honesta y responsable. Espero que sepan que esa noche les di lo mejor que pude. Todo lo que he ganado en mi vida ha sido con esfuerzo y espero que eso se refleje en la pantalla cada noche. Espero que se vayan a dormir pensando «yo quiero ser periodista y, cuando lo sea, espero tener un programa serio».
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