Las múltiples caras de la vejez

Emocionante y complejo retrato de una realidad: la vejez. Obra pulcra, sincera y compleja.

Las cuatro estaciones, el pretexto de dividir en un cuadrado las diferentes caras de un todo sentimental, que acompañen a una pareja entrada en la vejez y sus relación con personas desvariadas, solitarias y con recuerdos, pero sin respuestas. El director parece crear un relato personal, consciente de su llegada a la tercera edad, con personajes cargados de gestos, pausas y mensajes a futuro: la unión familiar, las relaciones sentimentales, el paso del tiempo e, incluso, las coyunturas políticas y las luchas sociales por la paz y el equilibrio.
Las reflexiones se dividen en cuatro actos y cada uno otorga nuevos intérpretes del entorno de Tom y Gerri. Entonces descubrimos la tristeza, la desolación, los nudos y lazos. También sus rupturas a lo largo del tiempo que pasa sin mesuras. Su hogar es el punto de encuentro estable donde confluyen desvaríos, de apariencia banal, expuestas con conversaciones profundas y extendidas. Un núcleo que representa la visión del director Leigh sobre la cotidiana realidad de los testamentos de vida de gente común. Pero la gente común siempre tiene una historia.
Es un guión consciente de la vejez y el paso del tiempo, con personalidad pero sin versión ambiciosa, pues, finalmente, la vida es así: una constante expresividad sin razones justificando las decisiones.El logro del realizador británico es juntar una diversidad de visiones y situaciones sin plantear una resolución que se sostenga por sus propios medios, para permitir al público que, a pesar de la lejanía que pueda sentir sobre este mundo burgués y este hogar unido y feliz, encuentre el reflejo de su experiencia en estas historias.
Mike Leigh emociona y conmueve, y se enfrasca en una lucha privada con la realidad. Parece que con los años le viene bien retratar sin miedos su experiencia. Cuando se aleja en su propio mensaje, la verosimilitud se pierde y el sabor de las interpretaciones se vuelve patético y fingido. Pero cuando se quita el vendaje y el ritmo discurre menos medido y con mayor ligereza, podemos saber que el año ha pasado, como pasa en la ‘vida real’, y estamos ante una obra pulcra, preciosa y compleja.
17 de Setiembre, 2012
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